jueves, 8 de enero de 2015

Entrevista a Vallejo


Recurrí a mi primer jefe de prácticas para que me ayudara a redactar las preguntas. Necesitaba de él pues era su principal opositor. Lo odiaba a tal punto que cuando iba al baño llevaba su imagen para perder todas las ganas del mundo. Al tocarle la puerta de su oficina me recibió muy amable, sin el tono irónico que solía tener en el pregrado. Buenos días hijo, me dijo al verme después de un larguísimo tiempo. Sin abrazos dramáticos me metí como un roedor en su sala de biblioteca para deslumbrarme nuevamente con su invaluable colección, luego me tomó del brazo y me dijo por aquí por favor, señalándome su escritorio. Sin apuros saqué mi cuadernillo y le comenté sobre mi personaje a entrevistar. Mientras hablaba lo notaba huidizo, desmemoriado, como si no estuviera presente, me inquietaba verlo así a tal punto que me obligaba a sacar la foto del gran César, para que al menos se tomará el tiempo de putearme nuevamente, como antes. Señor, puede ir al punto, habló por fin el vejete.

Le dije que Vallejo siempre ha sido uno de mis poetas preferidos. Con frecuencia lo leía en la universidad, cada noche, un poema, al menos una estrofa, era religión. Como no recordar las salas de redacción y el librejo de bolsillo al lado del café pasado. Como se podría olvidar la colección de Poesía completa que me obsequió mi primer profesor de Lengua. Gustoso lo miraba a través de cada soneto, tras cada imperfección lingüística, gramatical, sintáctica, que a la postre, se volvía perfecto.
El hombre de la barba blanquecina parecía aburrirse con tremendo rollo improvisado que había desarrollado con mucha emoción. A fin de cuentas, logré recordarle su mejor versión: ¡puta madre, sigues enamorado de ese huevón! me dijo enfatizando las vulgaridades.
Del bolsillo derecho sacó su caja de Marlboro, luego prendió lentamente el cigarrillo, aspiró hondo hasta la médula. Miró por la ventana y dijo: ¡Ay Ribeyro!
Así me decía. Sin embargo, no hacía mucha gracia (ni honra) cuando continuaba con el humor: Ribereño y roto, y soltaba la carcajada. 

Y así el momento se torno adecuado para empezar por lo que vine, sin cuidado le dije:
¿Quién es Vallejo para ti?
C: ¿Vallejo? Mmm. Puede ser un idiota.
Ya pues Clemente dígame serio.
C: Estoy serio, Te digo que es un idiota. Observa, en este mundo hay dos tipos de personas: Algunos que evolucionan y otros que terminan cagandola. Vallejo fue el último sin haber sido el primero alguna vez.
Injusticia. Hablas por el hígado, Vallejo destacaba por su poesía descomunal, nadie va a poder negarme que Trilce sea tan moderna y bien pensada como una pieza musical barroco.
C: Por dios, fíjate que lo redactó en una cárcel, preso de su carácter, justamente es allí donde cualquier pieza de arte no puede ser creada. El alma esta encadenada a sufrir en ese espacio. Vallejo es una copia de Bécquer y Espronceda.
Tú eres una copia de un periodista sabelotodo, despectivamente hablando.
C: JAJAJA, río porque tu ingenuidad me da tanta ternura.
¿Y qué me dices de su narrativa? No te parece sobre saliente su sensibilidad frente a la sociedad.
C: Me parece tan rescatable como el poder autodestructivo en muchas líneas…
¿Has almorzado?
C: No bromeo, Vallejo ni siquiera fue un lector voraz, ni audaz, lo dice Georgette. Y no hay floro que valga para el acto de crear.

Clemente seguía aspirando bocanadas. El rubor se empezaba a notar en su rostro. Me percaté que si seguía defendiendo a Vallejo iba a terminar por convencerme, así que, apliqué algo que él mismo me enseñó a la hora de entrevistar.

¿Cómo saber tanto de Vallejo si ni siquiera es fácil comprenderlo por el único medio que se deja ver?
C: Bueno, se siente. No hay otro registro fiel que la poca historia, su mirada y sus escritos. Si amó tanto a Paris porqué no se largo sin dejar precedentes marxistas ni legados de personajillos auto flagelándose por una vida caótica. ¿Por qué contemplar un alma atrapada en si misma? ¿Me comprendes?
Sin lugar a dudas hay belleza tras ese sentir.
C: Pero entonces habría un millón de grandes poetas ¿no? Recuerda que Vallejo era muy miedoso, usaba metafísica para escudarse de enfrentar a la vida. ¿El peruano universal? ¡No lo creo!

Mientras avanzaba con sus afilados cuchillos, yacía en mí una duda, un evento que pocas veces ocurre en la existencia de un fracasado periodista que solo puede aspirar. ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Aquellos personajes que me fueron marcando por su obra creativa se iban desmoronando con la “poesía” que Clemente me disparaba. Entonces recordé aquella carta que Vallejo le escribió a Antenor Orrego cuando acababa de recién publicar “Trilce”: “Para los más no se trata sino del desvaríos de una esquizofrenia poética o de un dislate literario que solo busca la estridencia callejera (…) Me siento colmado de ridículo, sumergido a fondo en ese carcajeo burlesco de la estupidez circundante, como un niño que se llevara torpemente la cuchara por las narices”

Y lo que hizo, fue finalmente clavarme el puñal sin la rosa.
No podía entrevistar a Vallejo.
Mientras guardaba mis cosas pensaba en cómo preguntarle a qué otro personaje podría entrevistar para la publicación especial del fin de semana. En mi letargo soñaba con Carlos Oquendo de Amat, Xavier Abril, incluso Valdelomar.

Recordaba instintivamente el motivo de mi visita. El porqué elegí a Clemente Palma para resolver el dilema que me provocaba mi alter ego. Aquel personaje que me desveló eróticamente, que me hizo pensar sobre el poder lingüístico y sobre todo que me convenció que podía escribir poesía.
Súbitamente de espaldas hacia la ventana, Clemente sacó un libro de bolsillo, súper delgado y añejo como la piel que habita. Observa me dijo y señaló hacia la calle. Luego, abrió la cerradura y un viento fortísimo ingresó espantando los membretes y papelería de su mesa. Sacó la mano por ella y dejó caer el libro sin compunción alguna.

A veces las cosas se han hecho para tirarlas por la borda, me dijo; prendió el último Malbroro y se despidió dándome un fuerte abrazo. Mucha suerte concluyó.

sábado, 14 de junio de 2014

La magia de Cerati


El 15 de mayo del 2010 Gustavo Adrián Cerati Clark bajaba del escenario en la Universidad Simón Bolívar en Caracas, Venezuela. Era un sábado, concluía su gira Fuerza Natural (su disco más onírico) y cerraba todo con respecto a su carrera solista hasta ese momento. Seguro tenía en mente, o ya escritas en borrador, tres, cuatro, o cincuenta canciones que revolucionarían el mundo pop que había creado. Quizás hasta ya tenía las pistas hechas y pensaba llegar a casa para seguir componiendo las letras. Le bastaba una Macbook, una Paul Reed Smith Custom Multifoil y una imaginación invalorable. Sin embargo, una descompensación lo haría imposible. De inmediato fue trasladado de urgencia al Centro Médico Docente La Trinidad. Los médicos lo internaron para examinarlo y a los dos días fue operado. Tuvieron que hacerle un agujero para drenar la presión intracraneal como consecuencia de una isquemia. Los doctores dijeron que permanecería 72 horas en terapia intensiva para ver su evolución. Lamentablemente no mostró respuesta alguna. Desde ese momento los médicos decidieron mantenerlo bajo un estado de coma inducido. Hasta el día de hoy se aferra a una vida inútil. Está postrado sin poder hablar y solo puede gesticular, y que al oír a su madre solo atina a parpadear. Crítico pero estable para los profesionales. Finalmente muchos de sus seguidores, fieles y detractores saben que “si algo está enfermo está con vida”. Cerati lo pensó, sus letras lo confirman.

Uno de los músicos más exitosos de Latinoamérica nació en Capital Federal, Argentina, el 11 de agosto de 1959. Aplicado a la guitarra desde pequeño participaba en los eventos que su colegio religioso organizaba. Pero su entrada de lleno a la música lo haría en la universidad donde conoció a Héctor “Zeta” Bosio (futuro bajista). A partir del año 1982 comienzan a proyectarse como una banda en la que tocarían temas propios, y con el universo a su favor, conocen a Charly Alberti (futuro baterista), formando así Soda Stereo. Se pasearon por toda Latinoamérica consolidándose como una banda de culto. Los cabellos revoloteados (estilo The cure) y las fachas “rockeras” los hacían más interesantes. La historia es más que conocida, los estadios en Argentina, Chile, Uruguay, México, etc, lloraban por un solo desgarrador de “Gus”.

En el año 1992 Gustavo, paralelamente a las actividades de la banda, graba un disco junto a Daniel Melero, amigo tecladista y productor musical. El disco es titulado Colores Santos. Lo curioso es que a mitad de este disco el padre de Cerati fallece y no solo le sirve de impulso para continuar, sino que le permite encontrar luz aferrándose más aún a la música, más personal, más de solista. Ciertamente un punto de quiebre en su vida.
“Colores santos es un disco que cuando lo saqué la gente decía: ¿qué es esto? ¡Colgate la guitarra pibe! Para mí no existe tal tensión con la electrónica, para mí era otro instrumento, nunca fui fundamentalista”  

Aquí seguramente Gustavo descubre un mundo que no puede pasar desapercibido. Él ha declarado siempre que le fascinaba la electrónica, incluso usaba mucho de ella en Soda Stereo. Cerati ha demostrado que la curiosidad no es maléfica, por el contrario, los fieles se apoderaron de esta nueva faceta haciéndola inmortal. Al menos en Argentina es uno de los primeros discos con temáticas conceptuales. Luego vendría Amor amarillo (1993). Primer trabajo oficial en solitario. La temática gira alrededor del nacimiento de su primer hijo. Creó imágenes en el proceso de embarazo, las transformó en palabras y las dibujó en frases que van más allá del romanticismo estereotipado. Si no es el disco más genial de su carrera solista puede que sea el segundo, pero no baja de allí. Gustavo cuenta que la situación de espera está en el disco como una ansiedad súper emocionante y hay una situación de amor muy fuerte además por todas las cosas que le pasaban, o sea el amor amarillo es como darle un color al amor que él sentía, pero también centrado con meterse adentro de un rayo de luz. Todo un incomprendido que aparentaba saber más a través de sus letras. Gustavo Cerati desarrolló más que un estilo de vida una concepción media distorsionada del mundo. No es que todo el tiempo esté pensando de esa manera, es músico y como tal, refleja una imagen parcial de él, pero hay algo más importante que sí fue real: su familia.

 En el videoclip de la canción “Te llevo para que me lleves” (una alegoría que plantea una cuestión de una pareja y la llegada de su hijo) aparece su primera novia Cecilia Amenábar, embarazada, cantando, bailando, riendo. Un video muy casual que demuestra su madurez como persona. La frescura con que fue realizado el video refleja su estado de vitalidad, su aprecio por la familia, por el amor y la música.

“Lisa tiene un amor de ultramar, brilla en la oscuridad, su sabor a la primera vez me hace volver aprender” (Lisa – Amor amarillo)

No hay regocijo mayor que avizorar y acertar, con suerte, la llegada de una hija, y que para ese entonces haya una canción escrita a su nombre por su propio padre. Es más que una coincidencia. Llamó a su segunda hija Lisa. Así pasó la etapa más “amariila” de su vida. Nada es casualidad.

Gustavo en sus entrevistas casi siempre hablaba de sus discos, o mejor dicho, las únicas veces que ofrecía entrevistas era para promocionar sus discos.  En todas se mostraba muy tranquilo y reflexionaba sobre sus canciones. Cada vez que ofrecía una entrevista parecía cambiar de discurso, pero creo que él no quería ir por esa senda, sino que más bien cada vez que se sentaba frente a un micrófono encontraba algo nuevo en sus canciones. Alguna vez dijo que la interpretación lo dejaba en las manos del público, que a ciencia cierta no hay una manera de describir sus letras.  Otras decía que esta canción significaba tal cosa. Era una caja china. Un misterio en sí mismo. Un hombre que no podía dejar de ser niño.  A final de cuentas esta ambigüedad le pasó factura pues más adelante se mostraría enemigo de la prensa, acusándolo de entrometida y manipuladora del público.

La transición se hace notoria en el disco Siempre es hoy (2002). En el proceso de este disco Gustavo Cerati se separó de Cecilia. Naturalmente influyó en la terminación del disco. “Han salido algunas notas que morbosa y amarillamente intentan reducir mi intención creativa a una mera descripción de relaciones que parecería que le interesan a la gente. Pese a que mi manera me esfuerzo en no pasarme de los límites porque no sabría cómo manejarlo, algunos parecen reducir la obra de uno a esas tremendas estupideces” 
Sin lugar a dudas es duro escucharlo criticar. Pues estaba harto de tanta prensa y de tanta fijación en su relación acabada de terminar, eso lo hacía vulnerable, lo hacía enojar mucho y empezar a ver el caos donde vivía, mirar a su alrededor y darse cuenta que ha estado viviendo mucho tiempo lejos de esta realidad.

“Vivo” es la canción más representativa de este disco. Habla de una manera de sobrevivir frente a la ruptura amorosa. Basta con escuchar las cuatro primeras frases para darse cuenta de que va. “El fin de amar es sentirse más vivo” Los acordes crean atmósferas que evocan nostalgias. Canción de domingo por la tarde, cielo nublado, café, cigarros. Una “corta venas” total. “Conocer la otra mitad es poco” Cecilia lo escuchaba y si lo encontraba le pegaba una cachetada. Sin embargo, el disco trae mucha carga espiritual. El título especialmente expresa como Gustavo se da cuenta que hay muchas cosas que le pasan y las siente más que nunca. Siempre es hoy, abre los ojos, algo así.

Habitualmente me pregunté si habría algún artista más soñador que Cerati en el ambiente musical. Alguien que pueda observar algo bueno dentro de toda la maleza. Vengo escuchándolo hace dos años, en realidad hace seis pues Soda Stereo fue un primer acercamiento. Luego me separé y retomé con fuerza su carrera solista. Acerté al leer muchas de sus entrevistas que no tenía filtros para componer. Las imágenes se le venían a la mente, mágicamente. Y cada imagen venía con un acorde. Cada acorde con un puente que cambiaba de ritmo a uno mejor. Soy partidario también de que hace falta sensibilidad para poder apreciarlo. Lo creería si me dijeran que es como el aspiracional de todo hombre. Algunos ceden, otros se mantienen en sus burbujas, es respetable cada decisión. Al final, aunque suene manoseado, la música habla por sí sola.

Aparecerá otro disco titulado “Ahí vamos” y luego una repetición con su banda Soda Stereo (Gira: Me verás volver) Llegará nuevamente a Perú en el 2007, última plaza de esta gira internacional.  Se le vio más dinámico, más explosivo musicalmente. De hecho generó buenas expectativas frente al disco Fuerza natural (y el último) que lanzaría en el 2009.
Un poeta que pretendió esconderse detrás de la música, o al revés. Gustavo Cerati cambió los paradigmas de este medio y transformó todo lo que tenía al alcance en pop. Nada comercial, nada personal. Hay que convencerse para atreverse a girar el manubrio de una movida poco impulsada en Argentina y en Sudamérica prácticamente. Para este último disco recibió mucha ayuda de su hijo Benito Cerati. Incluso fue él quien le entregó letras y composiciones. Él ya escribía y ya se perfilaba en ese entonces como su sucesor (en la actualidad es vocalista de una banda propia llamada “Zero Kill”) Es complicado para alguien que creció acompañado de música desligarse de toda fantasía y creer que Cerati ha tocado el cielo y que puede sentarse al lado derecho del Dios padre todopoderoso. Ridículamente me cuesta no aceptar esa fantasía. Sin embargo mientras pasa el tiempo y Cerati sigue postrado en una cama, uno crece, y ya no hay nada más que absorber. No hay retroalimentación. Las canciones más surrealistas se van olvidando y sobre todo olvidándonos de alguien que no tenía escrúpulos para desnudarse espiritualmente. Si algún día despierta estoy seguro de que nadie le pediría que cante o saque otro disco, ya hizo demasiado.



miércoles, 14 de mayo de 2014

Ambientes musicales

Imagina un fondo musical.
Juan andaba por los pasillos del instituto, cansado. Ana, corría alegre hacia la bodega, pedía una barra de chocolate con almendras y se retiraba muy contenta. No era su favorito sin embargo expresaba demasiada alegría en este día, sonreía hasta por la espalda. Siempre al iniciar una nueva experiencia trataba de estar lo más feliz posible pues le generaba muchas expectativas. Olvidaba el pasado y miraba con altura. Nunca agachaba la cabeza. Sentada en el salón empezaba a observar a sus compañeros. Se imaginaba personalidades, situaciones, todas graciosas. Se reía para ella y guardaba la compostura para que nadie note lo extraña que parecía. En la otra esquina, Juan, totalmente indispuesto, dibujaba círculos y rectángulos para matar el tiempo. El ambiente lóbrego de un lado y la esperanza que le hacía guiños. De pronto el profesor entraba al salón y las formalidades comenzaban con: buenos días maestro. Al finalizar la clase, todos los alumnos salían a despejarse de la rutina estudiantil. Siempre Juan en una esquina dibujando, en todas las clases y en todas las escuelas que tuvo.

Imagina un fondo musical dramático.
Pero la esperanza enraizada dentro de su alma despertó ese día. Ana, se acercó a charlar un momento. ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? ¿Quieres ser mi amigo? Juan había tenido malas experiencias, muchas veces temeroso perdía la empatía. Juan venía de varias escuelas. Su padre chef viajaba mucho, por eso, tenía que acostumbrarse a sentir una cama diferente, un olor de almohada distinto y una sabana que había usado una prostituta cualquiera. Era difícil para él hacer amigos, menos amigas. Víctima potencial de bullying en todas las escuelas. Lo amarraban con cables y lo encerraban en el baño, lo golpeaban para verlo llorar, le quitaban la comida y el poco dinero que llevaba. Trágicos quince años donde tuvo que callar por amor a su padre. Así es, él creía que contándole iba a decepcionarlo, iba a perder toda la poca confianza que había cosechado, además, su padre no estaba en las condiciones para cambiarlo de escuela todo el tiempo.
Imagina un fondo musical esperanzador.
 Ana le dio la mano ese día. Le dio la confianza que necesitaba para no callar más. Le dijo que ella había sufrido igual. Ella había sido violada por sus propios compañeros. No sentía vergüenza, se sentía sumamente poderosa pues contaba con su mejor amigo: la personalidad. Ana había superado mediante tratamiento y terapias clínicas esas escenas violentas cultivadas en su mente. No podía dormir. Se orinaba en su cama. Se perdía en pesadillas obscenas y hasta quiso matarse. Tuvo que pasar dos días alejada de su hogar para darse cuenta de que nadie la podía silenciar. Que lo único que le impedía hablar era ella.

Imagina todos los fondos musicales juntos.
Un día, le contaba a Juan, fui donde el muchacho que me violó. Se llamaba Elvis. Teníamos trece años los dos. Lo cité en el baño de mujeres, le dije que me moría de ganas de besarlo. Él accedió a mi llamada y vino muy ansioso. Le dije que antes de hacerlo le iba a mostrar un video. Para eso, él, había grabado mi violación cuando tenía doce y lo había subido a la web. Lo descargué, la edité y en vez de mi rostro puse el rostro de su madre. El montaje quedaba perfecto y realmente parecía su mamita. Le puse el video en mi celular. Solos, los dos, sin nadie que nos molestara. Mientras avanzaba el video él me acariciaba para excitarme, para poseerme, hasta que vio a su mamá con asombro. Se paralizó y me quitó las manos. Estaba muy atento ahora a lo que pasaba. No me quiero ni imaginar que pasaba por su mente. Viendo a su madre ser violada como lo hizo conmigo. Ese muchacho nunca fue denunciado ni mandado a un sanatorio. Nadie hizo justicia. Todos le creían a él. Sin embargo, yo fui la única que tuvo agallas para sentenciarlo. Lo humillé. Se puso a llorar y de rodillas me pidió disculpas. Luego del show que hizo le dije que yo ya estaba marcada para toda mi vida. Que lo que me hizo nunca iba a ser borrado, podría maquillarse pero nunca borrar. Nunca fue consecuente, nunca pensó en su madre, menos en su hermana menor. Agarré unas tijeras y le corté el miembro. Nunca te vas a olvidar de mí le dije. Y nunca más volví a la escuela. 

lunes, 21 de abril de 2014

El ingenuo forastero que regresa a su país.

Las mesas distribuidas de tal manera que cuando uno se pone de pie para retirarse nunca se va a chocar con otro que también sale. Afuera, hay mesas pequeñas pero lujosas, todas bajo una sombrilla. De distintos colores. Pero no más brillantes que los cubiertos hechos de plata, que a la luz del sol se vuelven oro puro. Los meseros están uniformados de blanco, bien engominados y con los clásicos zapatos de charol. Parece París u otra capital de Europa, pero no, es Lima. Mi capital, la ciudad donde anhelaba regresar. Hace quince años que no toco este suelo hermoso, con sus típicas calles y sus gratos habitantes. He perdido las nociones de tráfico, de asalto a mano armada y de corrupción. De maldad, mediocridad e impunidad.  Es extraño pensar cómo ahora. Y más aún si has estado viajando por todas partes del mundo observando distintas maneras de sacarle la vuelta a la vida. Me siento raro. Así de simple. Extraño. Si me pusiera a conversar con el señor de gafas de al lado seguro me diría que todo sigue igual. Que todo lo que hay en Lima es jodido. Compadrito estamos en el infierno. Por eso no quiero hablar con nadie aún, quiero esperar a Liset. Ella fue mi promoción, incluso fue mi pareja de baile. Cuando estudiábamos en el Montecaarlo yo le decía que quería casarme con ella pero a modo de broma, ella replicaba dándome un besito en el cachete. Bien tierno el instante hasta que consiguió un patán que me agarró a trompadas. De ahí en adelante sólo nos dábamos abrazos. Retomando, me parece que Lima ha mejorado. Una percepción casi asegurada pues cuando bajé del avión me recibieron tres taxistas animosos de llevarme a mi estancia. Yo les dije muchas gracias, ellos insistieron (síntoma de prestancia), finalmente llegó mi taxi personal y me retiré. Me dijeron a lo lejos: una propina varón. Quizás era para cubrir su seguro del auto, lástima que no pude colaborar. De ahí, recuerdo que cuando fui a hospedarme en el Westin la señorita de recepción me susurro al oído: que bien hueles guapo. Yo sonreí y agradecí su aprecio. En Irlanda me pasaba lo mismo, pero en irlandés claro. También el señor que recogió mi equipaje me dijo que no era obligatorio pagarle en el momento por subir las maletas, sino que a fin de mes podía subvencionarla e incluso fraccionarla.  Estas cosas me hacen pensar que todavía hay buenos ciudadanos, gente de buen corazón que quiere salir adelante. Mi conflicto ahora es conmigo. En medio de esta parcial adrenalina por ver a Liset y hablar de muchas cosas me siento confundido. No sé qué preguntarle, no sé por dónde empezar. Ella siempre fue arrebatada, siempre disparaba al hablar, si no te gustaba, te la comías entera. Muchas veces ha salido de problemas por tener ese carácter. He anotado varias preguntas en pegatinas para acordarme de todo. Es curioso pero mientras escribo en las pegatinas hay tres tipos vestidos de negro que me están tomando fotos a escondidas. Creo que se han confundido, de seguro creen que soy un cantante famoso o un súper actor. Como todavía Liset no llega he pedido una entrada para degustar, junto con esta (y como siempre lo hago) les pedí un cuadro de porcentajes de proteínas y carbohidratos que tenía este extraño plato. Me han dicho que todo está bajo los regímenes de la OMS, lo cual me parece excelente. Incluso dicen que se ha puesto de moda comer plástico procesado en vez de arroz y carne de caballo en vez de porcino. Genial. Me parece interesante que Lima haya avanzado tanto en gastronomía. Me pone muy contento al saber que estoy comiendo algo decente. Por supuesto he acompañado este plato con una gaseosa llamada Tinka Cola, total novedad para mi paladar, por supuesto, cero grasas, me lo ha afirmado el dueño del local. Sigo revisando mis pegatinas y esperando a mi ansiada compañera. Me parece que ha perdido su celular pues no contesta hace una hora.

He esperado mucho, cinco horas aproximadamente. Tengo contracturas en la espalda y piernas por estar sentado tanto tiempo. Ya no pude esperar más y he pedido la cuenta al mesero. Respondió de inmediato a mi llamado. He tenido que pagar cuatrocientos setenta soles por mis dos platos de comida y mi gaseosa Tinka Cola. Ha replicado que el restaurant hace un colectivo de ayuda social para los niños quemados de ANIQUEM, por eso tal costo. Allí fue cuando accedí a pagar y entregué mi tarjeta de crédito con suma confianza. Ahora que he subido al taxi me siento triste por Liset. De repente le ha ocurrido algo trágico y yo no puedo hacer nada porque ni siquiera sé dónde vive, pobre mi fiel amiga Liset. Curioso que apenas subí al taxi, los tipos que me fotografiaban antes, también subieron a otro y me siguen por detrás; pecarán de ingenuos al darse cuenta que no soy un actor de Hollywood o de Bollywood (por mi barba oriental), ni tampoco un cantante de pop o indie. El taxista amable me ha dicho que tenga mucho cuidado. Agradecí. La gente ha cambiado, estoy seguro. Lima ha mejorado desde que me fui. Recuerdo que cuando vivía aquí los ciudadanos eran frívolos, malvados y mediocres. Ahora todo es color rosa, que bien por Lima y sobre todo por el Perú. Antes de bajar del taxi quiero acotar que me han invitado un caramelo. Está muy delicioso, es colombiano me ha dicho el conductor, pura fruta natural, lo malo es que te genera mucho sueño. Mucho. 

sábado, 29 de marzo de 2014

Su último concierto


¡Vamos, canta! … ¡eso, que suene esa bulla! ¡Hurra! ¡Hurra!. Si te queremos! En el estrado se encuentra Lionel, parado, mirando el micrófono con detenimiento, respirando acelerado. Las manos le tiemblan y solo quiere huir. El sudor que cae sobre su rostro lo delata. Al fondo empieza una gresca. Se percata hábilmente de que la crisis nerviosa lo consume y grita fuerte. Muy fuerte…

Abrió los ojos. Una pesadilla. Lionel siempre había cantado frente a un vasto público pero hoy era diferente, hoy era su último concierto y por eso se sentía ansioso, nervioso. Desde hace una semana andaba conversando con su madre acerca del evento. A veces con diecisiete años uno toma decisiones apresuradas y lo hace erróneamente, por eso, con frecuencia su madre lo apoyaba. Le decía que para cantar debía sentir con el alma. Es una sensación extraña. Como si te fueras a desmayar pero no, o sea, como si estuvieras haciendo lo que más te gusta con quién más quieres, siempre decía ella. Su madre es la persona más tolerante y amorosa. Ama a su único hijo. A pesar de que su esposo lo abandonara supo salir de la ruina, pues fueron muy pobres, ahora, ya no comen de un mismo plato. Apoyar a su hijo es lo que más desea hacer en esta vida. Nunca quiere dejarlo. Así este harta de la injusticia e indiferencia de la sociedad. Quizás cuando crezca y se dé cuenta de lo que es, y de lo que vale, ella estará satisfecha, consciente de que una madre nunca abandona.

Lionel se alista para el gran concierto. Siempre usa zapatos negros de charol. El los lustra sin apuro, un día antes. La corbata de Disney que su tío Rigoberto le trajo de Canadá es la preferida. La camisa azul manga larga y el pantalón gris rata terminan por convertirlo en un galán de boda. La abuelita que ya no se puede parar le da una bendición en la frente. Desde su silla le agarra las manos como cuando lo vio nacer. Lo besa fuerte en el cachete y se retira. Dios lo bendiga por ser tan cariñoso piensa su madre. Afuera se suben al Cadillac. Le abren las puertas unos tipos vestidos de blanco y negro. La ansiedad parece controlada, aparentemente la música que pusieron en el auto lo ha calmado.

¡Preparados! ¡¿Están listos?! (Silbidos, aplausos y gritos desenfrenados) Entonces démosle un fuerte aplauso a la voz más increíble de este planeta, a la única voz que toca realmente los corazones. Todos de pie para recibir al más grande, brindándonos en vivo su gran concierto. El enorme coliseo te lo agradece, con ustedes ¡Liooooooneeeeeel!  

Su madre llora de la gran emoción, sus tíos aplauden de alegría, su abuela lentamente esboza una sonrisa y se persigna.


En la sala se encuentra Lionel cerrando los ojos. Atrás, un comedor desordenado y un gato que se quiere subir por el postrecillo. Dispara palabras mal sonantes, palabras incompletas, frases arrítmicas. Aplaude con alegría desbordante y parpadea demasiado. De repente se emociona mucho y su torpe pierna patea el pedestal del micrófono. El sonido que sale por los altavoces se acopla. Lionel muy temeroso se tapa los oídos. Le gusta cantar, su madre lo ama, su abuela es cristiana, y su vida es imaginarse cantante, cantando como si fuera su último concierto. Nadie lo va a parar, ni siquiera su enfermedad.

martes, 4 de marzo de 2014

En mi país no quieren al fútbol


Hoy en mi país ha sucedido algo nefasto. Me siento burlado, avergonzado, tocado hasta el alma. Hoy, han elegido al nuevo director técnico de la selección de fútbol profesional. Pablo Bengoechea, ni más ni menos que el asistente del técnico pasado, aquel que nos llevó a fracasar en las eliminatorias y que nos vendió magia e ilusión. Que también demostró tener el mismo pensamiento y que por supuesto permitió muchos engreimientos a los jugadores de la blanquirroja. Mucha suerte para un novato. Pues sin haber terminado la universidad ya estará trabajando profesionalmente y dirigiendo una selección. Nunca dirigió un club, es más, se duda de su capacidad de dirección ya que años anteriores se lo veía simplemente enseñando a patear tiros libres. Amigo de los amigotes, de los jugadores, y de los sátrapas que trabajan en la Federación y se comen la torta al lado de Manuel Burga, el presidente. Este no tiene un norte, mintió al decir que Pablo no estaba en sus planes al confirmar que no se continuaría con el ciclo Markarián, por ende, tampoco contaría con su comando técnico. Entonces, si la autoridad máxima no sabe ni dónde está parado, porqué aceptar dirigir una selección donde sabes que su cabeza máxima esta patas arriba y donde el entorno miente. Allí ya eres cómplice. Allí te estás ensuciando. Lamentable pues pero cierto. Marcelo Bielsa, un conocedor del fútbol, fue tentado (espiritualmente) por la FPF. Nos hicieron creer que un técnico de renombre llegaría al Perú. Yo no tenía dudas de que no lo haría. Hay muchos factores que decidieron su negativa, una de ellas, el manejo dirigencial sucio y cobarde. Esta negativa demostró cómo nos ven los demás. Lo que haría un mal peruano con tanto poder. Escuchar por parte de un dirigente: “acéptenlo, nosotros dirigimos la selección” ha sido lo peor de esta situación.
Muchos periodistas están en contra, así como también otros a favor, como en todo lugar del mundo. Yo, como hincha y como la mayoría, estoy en contra. Aunque suene ilógico, basta quererse para afirmar que fracasaremos nuevamente. ¿Acaso es una prueba de fuego para Pablo? ¿El Perú está para pruebas de fuego después de no ir ya 30 y pico más de años a un mundial? Estos periodistas que defienden se basan en que no se trata del técnico sino más bien de un proceso continuo, que se debe trabajar las ligas de menores y empezar desde allí. También afirman que no hay que destruir a un técnico sin haberlo visto en la cancha. Por último se escudan diciendo que el fracaso del fútbol peruano se encuentra en la mediocridad del propio. Mucha gente con la que converso me dice que siente mucha tristeza, rabia, cólera, incluso desgano al ver perder a la selección, cae de maduro que si amas te sientas así. Y pues nuestro país pasó una época inmejorable, llegando incluso a ser reconocidos internacionalmente por grandes jugadores. Eso nos marcó y sentó un precedente, quizás nos sentenció a ilusionarnos siempre y nuevamente ¿por qué no? Entonces, ahora pienso mejor, esa gente que se esfuerza demasiado para pagar su boleto para ir a apoyar a su selección ya se hartó. Entonces, también puedo deslizar, que esos periodistas que defienden tanto no se esfuerzan por pagar sus entradas; muy claro está que se acomodan bien en este ambiente por sus opiniones parcializadas. La hinchada quiere resultados, al menos muestras de positivismo. Comentarios como esos periodistas solo tocan más la herida que ocasionaron un presidente, un técnico, y unos jugadores. Me gustaría escuchar a esos periodistas explicar dignamente que significa: “hay muchas cosas que van más allá del fútbol”.
La mejor manera de pasar este trago amargo es reclamando. Vivimos en una época dónde existen medios no tradicionales que permiten la libre expresión, claro está con el respeto por delante. Muchas personas dirán que el fútbol será mediocre siempre, otros que los que piensan en fútbol solo pierden el tiempo, sin embargo, quiero decirles a ellos que nuestro país es el más futbolero. Un país donde las desigualdades sociales y económicas son notorias. Para jugar al fútbol necesitas una pelota y un lugar dónde patear, un deporte accesible a nuestro contexto. Un deporte que puede cambiar tu realidad. Así como reclamamos por una discriminación o acto de racismo, por una jugarreta política, por un asesinato a sangre fría, creo yo, que podemos reclamar por una estafa deportiva de gran escala. Si bien puede sonar anarquista, otra forma de protestar sería no asistiendo al estadio. Bienvenido sea el que lo haga. Ahora bien, soy partidario de las decisiones cautelosas. Creo en el fondo (y creo también debido a mi alma futbolera) poder darle una oportunidad a Pablo Bengoechea. Bastará un mínimo error para su decapitación. No dudo que pasará. Y todo será gracias a un presidente, un técnico y unos jugadores que parecen que juegan en contra. No fracasará dentro de dos partidos, no dentro de tres meses de competiciones, sino cuando estemos en el pico más alto de la ilusión, y finalmente caeremos fuerte nuevamente y nos golpearemos los corazones futboleros.


miércoles, 29 de enero de 2014

La venganza de una periodista inescrupulosa

La periodista se enteró de la infidelidad de su esposo. Lo había seguido disfrazada hasta el parque del amor. Allí vio al inefable hombre besar a una voluptuosa mujer, no le vio el rostro pero bastaba con sus actitudes para deducir de lo puta que era. Ese día llegó a casa más temprano de lo normal. Se sirvió una copa de vino y se puso a cantar. Sola. Esperaba al felón. Aquel que le prometió una familia y le dijo que las nubes eran de papel. No lloró por las circunstancias sino por el desenlace que ya imaginaba. La libretita de notas, la grabadora, el bolígrafo y el celular la rodeaban como haciéndole compañía. Ella no quería pensar en su llegada, en que si se atrevería a cruzar ese marco de la puerta para recibirla con un abrazo embustero. Quería estar sola. De pronto, el verbo se hizo carne.  Él la abrazó, ella era otra. Se quisieron en la cama el uno para el otro. Por adentro claramente llevaba la procesión, no afloraba la rabia cuando acariciaba sus fornidos brazos. Fingía tan bien que pensó en algún momento dedicarse a la actuación. Y así pues pasaron la noche sin ningún altercado. La luna se ocultaba y el viento se daba cuenta de que ella quería gritar todo su malestar.
Al amanecer salió temprano dejándole una nota curiosa: Te espero en el mall a las 6 pm. Camino al trabajo hizo muchas llamadas. Ese día no se mojó el sastre. Ese día estaba encargada del noticiero de las seis. Un buen periodista debe ser una buena persona, debe ser empático por sobre todas las cosas, pensaba en el camino. Nunca se tornó en conflictos personales, nunca confundió su trabajo con la vida íntima. El periodista debe orientar y educar. Entonces ella pensó en que podía educar al público contándoles que su esposo era un bastardo y que nadie se meta con él porque solo sabe hacer sufrir, engañar y hacer mucho daño. En su oficina como al mediodía, en el receso del trabajo, tomó su celular y se grabó. El sentimiento que guardaba era horrible, sentía la muerte, no saben cómo lo amaba. Así pues, la macabra periodista maniobraba los hilos de su juicio final. Sedienta. Sufrida quizás.
La última llamada fue para recordarle que se verían a las seis. El respondió: si mi amor, nos vemos, te amo. Cuando llegó, inmediatamente fue al baño para acicalarse y evitar cualquier indicio que lo haga culpable. Esperó sentado en el comedor. Frente a una pantalla gigante donde pasaban el partido más importante de la NFL se sentía relajado, todo un “donjuán”. Satisfecho de haber comido y de repetir el plato, así como todos los días, engaño tras engaño. Pasaba el tiempo y ella no llegaba, el ambiente se iba cargando de gente. La pantalla emitía un brillo mayor. De repente el noticiero de las seis interrumpió el partido. La gente silbó y empezó a reclamar. Un accidente muy grave se había producido y transmitían en vivo la situación. Otra llamada entró: amor, ¿ya llegaste? Él: si ¿dónde estás? …Mírame por televisión cariño…
El enlace en vivo del accidente de tránsito fue interrumpido y apareció un rostro macabro. Era la periodista. La maldita venganza empezaba.  Comenzó por presentarse y contar la historia de amor que tanto reservó y cuidó. En sesenta y cuatro pulgadas y a nivel nacional sacó la foto carnet del inescrupuloso, del que no supo valorarla, lo señaló, dijo su nombre completo y quemó esta con un deseo felino inexplicable. La gente alrededor atinaba a taparse la boca de la impresión. Los niños inocentemente se tapaban los oídos. El pobre hombre en el medio fue reconocido de inmediato. Las gentes comenzaron a abuchearlo. Empezaron a tirarle botellas y vasos de plástico: Basura, mal nacido, inmundicia le decían mientras escapaba del lugar, mientras huía con su poca dignidad. Mientras la película transcurría el pobre hombre lloraba. El público hacía su parte. El hombre nunca más saldría de su casa, ella estaba segura. El video culminó con un adiós para siempre. Nunca se había realizado un evento de tal magnitud.  Ni ella misma se la creía. Al día siguiente ella se encargó de reportear y de contar la historia. Increíblemente, en este país, el medio donde trabajaba le ordenó que haga del suceso una noticia. Así no perdería su puesto y todos saldrían beneficiados. A ella le cayó de buenas esta decisión. Así también perdería la vergüenza y de alguna forma sería abanderada como la mujer del año.
 Sentada ahora en su escritorio piensa en escribir y publicar un libro. O estudiar actuación en las Bellas Artes. También piensa en el maquillaje que utilizó ese día en el video. Se arrepiente de haber comprado unos tan barato.