Dos de la madrugada y no puedo dormir. Necesito un vaso con
leche, frío, con miel. Necesito hacer otra cosa que no sea dormir. Bajar las
escaleras no es nada fácil cuando piensas luego en la subida. No hay leche
carajo, entonces no hay vida. Salir a estas horas es peligroso, algún vivo te
puede esperar para hacerte daño. No importa si no me conocen, ni siquiera me
verán. La calle se inclina mientras avanzo. Los perros ladran al compás de mis
pisadas. Los gatos ya desaparecieron. No sé a dónde voy. A tres cuadras de mi
casa hay una bodega 24 horas. Ya recordé; iba por leche. Es más fácil cuando
hace frío, todos duermen profundamente, menos la bodeguera que me recibe
espantada. Acabo de ver un fantasma, joven, me dice la señora de maltrecho
cabello. A veces las gentes quieren que pensemos tan igual como ellos. No todos
creemos en fantasmas, y no tiene ella por qué convencerme de que existen. Casi
siempre que las personas quieren convencerme de algo les digo que sean más
tolerantes pero lo único que ocasiono es antipatía. Siempre quieren tener la
última palabra. La leche está fría como me gusta, pero más fría está la señora
del susto. Regresar se hace pesado siempre. Es volver a realizar algo que
pudiste evitar o no debiste hacer. No hay otra. La calle ha cambiado de color,
de amarillo a celeste. Ya no hay ladridos, ¿Acaso recién se acuestan los
perros?
Leche con miel helada como me gusta. Sé que si subo con el
vaso luego me olvidaré de bajarlo y me joderá volver a subir para recogerlo y
lavarlo. Mejor aquí. Sentado todo es más triste. Hay varios puntos fijos dónde
mirar pero todos al final están vacíos. Recurrir a la filosofía no es la
solución, menos a la psicología. ¿La ciencia es el camino? Ya casi me tomé
todo. Parece un círculo vicioso dónde todos tenemos la razón y todos terminamos
echándonos la culpa de haber fracasado. Está fría. Ahora todo vale y no sé qué
vale para mí. Me preocupa no saber qué es cierto. Tomaré otro vaso, estoy
insatisfecho, como ayer. Este vaso será la solución. La solución de no encontrar
las soluciones. La más fácil dicen. Será mi último vaso de leche con miel, fría
como me gusta, como siempre me gustó.
Antes saldré a despedirme de la bodeguera. Ha sido la mayor
parte del tiempo buena conmigo. Recuerdo que cuando llegué de los Estados Unidos
me acogió en su casa. No siento pena por mí sino por ella. Es raro; ella
siempre está sentada detrás del mostrador. Más extraño aún es que haya dejado
su tienda sola. Tocar con fuerza no será la solución. Silbar o gritar su nombre
menos. Esperaré como he esperado muchas cosas en esta vida. Ahí sale vestida de
negro y se pasa de frente. Creo que no se ha percatado de que estoy aquí parado
esperando su abrazo afectivo de despedida. Ha sido en vano gritar su nombre,
menos silbar, no me escucha. Ya sé lo que sucedió; estoy tan frío como mi leche
con miel que tanto me gusta. Ya es tarde.