miércoles, 29 de enero de 2014

La venganza de una periodista inescrupulosa

La periodista se enteró de la infidelidad de su esposo. Lo había seguido disfrazada hasta el parque del amor. Allí vio al inefable hombre besar a una voluptuosa mujer, no le vio el rostro pero bastaba con sus actitudes para deducir de lo puta que era. Ese día llegó a casa más temprano de lo normal. Se sirvió una copa de vino y se puso a cantar. Sola. Esperaba al felón. Aquel que le prometió una familia y le dijo que las nubes eran de papel. No lloró por las circunstancias sino por el desenlace que ya imaginaba. La libretita de notas, la grabadora, el bolígrafo y el celular la rodeaban como haciéndole compañía. Ella no quería pensar en su llegada, en que si se atrevería a cruzar ese marco de la puerta para recibirla con un abrazo embustero. Quería estar sola. De pronto, el verbo se hizo carne.  Él la abrazó, ella era otra. Se quisieron en la cama el uno para el otro. Por adentro claramente llevaba la procesión, no afloraba la rabia cuando acariciaba sus fornidos brazos. Fingía tan bien que pensó en algún momento dedicarse a la actuación. Y así pues pasaron la noche sin ningún altercado. La luna se ocultaba y el viento se daba cuenta de que ella quería gritar todo su malestar.
Al amanecer salió temprano dejándole una nota curiosa: Te espero en el mall a las 6 pm. Camino al trabajo hizo muchas llamadas. Ese día no se mojó el sastre. Ese día estaba encargada del noticiero de las seis. Un buen periodista debe ser una buena persona, debe ser empático por sobre todas las cosas, pensaba en el camino. Nunca se tornó en conflictos personales, nunca confundió su trabajo con la vida íntima. El periodista debe orientar y educar. Entonces ella pensó en que podía educar al público contándoles que su esposo era un bastardo y que nadie se meta con él porque solo sabe hacer sufrir, engañar y hacer mucho daño. En su oficina como al mediodía, en el receso del trabajo, tomó su celular y se grabó. El sentimiento que guardaba era horrible, sentía la muerte, no saben cómo lo amaba. Así pues, la macabra periodista maniobraba los hilos de su juicio final. Sedienta. Sufrida quizás.
La última llamada fue para recordarle que se verían a las seis. El respondió: si mi amor, nos vemos, te amo. Cuando llegó, inmediatamente fue al baño para acicalarse y evitar cualquier indicio que lo haga culpable. Esperó sentado en el comedor. Frente a una pantalla gigante donde pasaban el partido más importante de la NFL se sentía relajado, todo un “donjuán”. Satisfecho de haber comido y de repetir el plato, así como todos los días, engaño tras engaño. Pasaba el tiempo y ella no llegaba, el ambiente se iba cargando de gente. La pantalla emitía un brillo mayor. De repente el noticiero de las seis interrumpió el partido. La gente silbó y empezó a reclamar. Un accidente muy grave se había producido y transmitían en vivo la situación. Otra llamada entró: amor, ¿ya llegaste? Él: si ¿dónde estás? …Mírame por televisión cariño…
El enlace en vivo del accidente de tránsito fue interrumpido y apareció un rostro macabro. Era la periodista. La maldita venganza empezaba.  Comenzó por presentarse y contar la historia de amor que tanto reservó y cuidó. En sesenta y cuatro pulgadas y a nivel nacional sacó la foto carnet del inescrupuloso, del que no supo valorarla, lo señaló, dijo su nombre completo y quemó esta con un deseo felino inexplicable. La gente alrededor atinaba a taparse la boca de la impresión. Los niños inocentemente se tapaban los oídos. El pobre hombre en el medio fue reconocido de inmediato. Las gentes comenzaron a abuchearlo. Empezaron a tirarle botellas y vasos de plástico: Basura, mal nacido, inmundicia le decían mientras escapaba del lugar, mientras huía con su poca dignidad. Mientras la película transcurría el pobre hombre lloraba. El público hacía su parte. El hombre nunca más saldría de su casa, ella estaba segura. El video culminó con un adiós para siempre. Nunca se había realizado un evento de tal magnitud.  Ni ella misma se la creía. Al día siguiente ella se encargó de reportear y de contar la historia. Increíblemente, en este país, el medio donde trabajaba le ordenó que haga del suceso una noticia. Así no perdería su puesto y todos saldrían beneficiados. A ella le cayó de buenas esta decisión. Así también perdería la vergüenza y de alguna forma sería abanderada como la mujer del año.
 Sentada ahora en su escritorio piensa en escribir y publicar un libro. O estudiar actuación en las Bellas Artes. También piensa en el maquillaje que utilizó ese día en el video. Se arrepiente de haber comprado unos tan barato.


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