sábado, 29 de marzo de 2014

Su último concierto


¡Vamos, canta! … ¡eso, que suene esa bulla! ¡Hurra! ¡Hurra!. Si te queremos! En el estrado se encuentra Lionel, parado, mirando el micrófono con detenimiento, respirando acelerado. Las manos le tiemblan y solo quiere huir. El sudor que cae sobre su rostro lo delata. Al fondo empieza una gresca. Se percata hábilmente de que la crisis nerviosa lo consume y grita fuerte. Muy fuerte…

Abrió los ojos. Una pesadilla. Lionel siempre había cantado frente a un vasto público pero hoy era diferente, hoy era su último concierto y por eso se sentía ansioso, nervioso. Desde hace una semana andaba conversando con su madre acerca del evento. A veces con diecisiete años uno toma decisiones apresuradas y lo hace erróneamente, por eso, con frecuencia su madre lo apoyaba. Le decía que para cantar debía sentir con el alma. Es una sensación extraña. Como si te fueras a desmayar pero no, o sea, como si estuvieras haciendo lo que más te gusta con quién más quieres, siempre decía ella. Su madre es la persona más tolerante y amorosa. Ama a su único hijo. A pesar de que su esposo lo abandonara supo salir de la ruina, pues fueron muy pobres, ahora, ya no comen de un mismo plato. Apoyar a su hijo es lo que más desea hacer en esta vida. Nunca quiere dejarlo. Así este harta de la injusticia e indiferencia de la sociedad. Quizás cuando crezca y se dé cuenta de lo que es, y de lo que vale, ella estará satisfecha, consciente de que una madre nunca abandona.

Lionel se alista para el gran concierto. Siempre usa zapatos negros de charol. El los lustra sin apuro, un día antes. La corbata de Disney que su tío Rigoberto le trajo de Canadá es la preferida. La camisa azul manga larga y el pantalón gris rata terminan por convertirlo en un galán de boda. La abuelita que ya no se puede parar le da una bendición en la frente. Desde su silla le agarra las manos como cuando lo vio nacer. Lo besa fuerte en el cachete y se retira. Dios lo bendiga por ser tan cariñoso piensa su madre. Afuera se suben al Cadillac. Le abren las puertas unos tipos vestidos de blanco y negro. La ansiedad parece controlada, aparentemente la música que pusieron en el auto lo ha calmado.

¡Preparados! ¡¿Están listos?! (Silbidos, aplausos y gritos desenfrenados) Entonces démosle un fuerte aplauso a la voz más increíble de este planeta, a la única voz que toca realmente los corazones. Todos de pie para recibir al más grande, brindándonos en vivo su gran concierto. El enorme coliseo te lo agradece, con ustedes ¡Liooooooneeeeeel!  

Su madre llora de la gran emoción, sus tíos aplauden de alegría, su abuela lentamente esboza una sonrisa y se persigna.


En la sala se encuentra Lionel cerrando los ojos. Atrás, un comedor desordenado y un gato que se quiere subir por el postrecillo. Dispara palabras mal sonantes, palabras incompletas, frases arrítmicas. Aplaude con alegría desbordante y parpadea demasiado. De repente se emociona mucho y su torpe pierna patea el pedestal del micrófono. El sonido que sale por los altavoces se acopla. Lionel muy temeroso se tapa los oídos. Le gusta cantar, su madre lo ama, su abuela es cristiana, y su vida es imaginarse cantante, cantando como si fuera su último concierto. Nadie lo va a parar, ni siquiera su enfermedad.

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