sábado, 19 de octubre de 2013

Amor bajo mi ley


Tenía clases muy temprano. Siempre desarreglado tocaba la puerta con apremio para que el profesor creyera que le interesaba estar adentro. Que lo único que quería en esta vida era atender sus malditas clases de historia, escuchar como muchos héroes peruanos fueron finalmente pura demagogia, reírse en silencio y acompañarlo hasta la puerta del infierno para que se joda allí y deje de estar enamorando cuanta chica ve.  Con una sonrisa lo recibió el señor Ruiz, luego, le reprochó su actitud frente a todos. Él, avergonzado, pidió disculpas y tomó el asiento delantero para no pasar otra inquietud. Atrás, Fernanda lo miraba sigilosamente, con cuidado, quería que esa piel sea suya, quería tocarlo y sentir el cielo, estaba enamorada. El profesor Ruiz sacó al frente a Fernanda y le dijo: jovenzuela, ¿quieres que te bote del salón? ¿Acaso crees que no te he visto con el celular? Ella no se movía, solo pensaba en qué es lo que pensaría su galán. Salieron ambos de la clase, los muchachos empezaron a chacotear. El profesor afuera le advirtió que si cometía otra falta la expulsaría del curso, ella atónita le imploró que no la condicione; él, asqueroso y desalmado le dio otra oportunidad. Se la llevó al baño y el cielo que Fernanda deseaba hace un momento se hizo infierno. …
Tres semanas antes de que acabe la universidad, Fernanda le declaró su amor. Le dijo que desde el primer ciclo le gustaba, que coleccionaba todas las fotos de la revista de la universidad dónde salía él, y que también remarcaba su rostro. No se avergonzaba de que la llamen “la tocada”, que ya fue hace mucho y que el profesor está en la cárcel comiendo mierda; “yo te amo, haría lo que fuera para que estés conmigo” Él, avergonzado, huyó. Estuvo sentado frente a la pileta pensándolo, le pasaba mil veces la imagen de ella arrodillada en la escalera llorándole sobre los pantalones. Decididamente agarró un lapicero y comenzó a escribir a manera de diario lo que sería su vida en esas tres últimas semanas. Formuló horarios, actividades que harían juntos, a dónde irían y a qué hora. Un plan maniático sin lugar a dudas. Resaltó horas complicadas para verse y por último anotó “los tiempos violentos”.  Este diario era su agenda, un compromiso al que quiso someterse. Todo estaba bien estructurado, las reglas no se romperían; él no le diría nada a ella, hasta que se harte de recibir órdenes indudablemente. Fernanda aún se encontraba llorando sola en la escalera. Él se acercó y la abrazó. La tomó de las manos y la besó en los labios…
Los días pasaban y todo transcurría tal cual la agenda precisaba. A las doce ella tenía que llamarlo obligatoriamente. Si no contestaba le dejaría un mensaje. A las cuatro de la tarde él tenía clases de actuación, ella iría a verlo si tenía tiempo. Fernanda cantaba en la banda de la universidad, él tenía la obligación de llevarle una sorpresa todos los días al estudio de sonido. Sentados mirando el horizonte le comentó que se le había ocurrido una idea loca, habló de los “tiempos violentos”. Quiero hacerte el amor en el baño, sentenció mirándola a los ojos. Ella no esperaba nada más que eso en la mísera vida que tuvo desde que fue abusada por su profesor. Ser tocada por el galán de su vida. Sentirse parte de él era su obsesión. Ambos acordaron mediante un beso profundo cumplirlo…
Sigilosamente se metió ella en el baño de los hombres. Era un ambiente frío y hostil. Las paredes pintadas con números de teléfono, apodos, insultos a profesores y rectores, entre otros. Muchos papeles estaban fuera del tacho, era una verdadera pocilga. Fernanda se metió a uno de los inodoros y se encerró a esperar. Miraba con atención el celular pues tenía que decirle en cual baño de toda la universidad se encontraba. Finalmente la llamada entró, el celular vibró y mediante un mensaje le indicó la posición. Él, astuto, tenía puesto el preservativo. Entró ansioso al cuarto y le apretó los leggins. Le besó desesperado el cuello, le mordió los senos, la agenda se cumpliría. Inesperadamente soltó un grito que llamó la atención de los señores de limpieza y alumnos que se encontraban por ahí. No fue un grito de excitación sino de apresamiento. Recordó como fue violada por su profesor, precisamente fue en ese baño, reconoció la figura de la puerta, recordó las hinchadas manos sobre su cuerpo. ..
Ya nos hundimos; ¿por qué no me dijiste que no habías superado el maldito trauma? ¡Ahora nos van a expulsar por tu culpa! No acabaremos nuestras carreras, nuestros sueños acabaron. ¡Fernanda, entiende la magnitud del problema!, ¡Me has escuchado! ¿Escuchas los pasos que se acercan?, estamos fregados… Ella se arrodilló y sobre sus pantalones se puso a llorar descontroladamente. Él, sacó la agenda de su mochila y comenzó a borrar lo que tenía planeado para la última semana. Borró apresuradamente toda la matriz que había fabricado con su retorcida mente.  Escribió en letras mayúsculas: FIN DE LA RELACIÓN.


miércoles, 2 de octubre de 2013

Escribir amando

Esa extraña sensación que te recorre de pies a cabeza cuando retomas algo que dejaste de hacer por mucho tiempo. Yo, Juan Pedro Alva Ferrer, he decido volver a escribir. No recuerdo con nitidez porqué dejé de hacerlo. No recuerdo porqué tuve que perder el hábito de lectura por las noches y esas madrugadas donde, frente a mi computador, me la pasaba imaginando historias. Creaba situaciones sin reparo de que estén mal redactadas. Tampoco importaba quién las iba a leer o qué tema engancharía mejor con mi entorno. No entiendo porqué tuve que dejar esta labor. Ya quisiera pensar que fue la universidad la culpable. No es así, me lo he planteado muchas veces y creo que por ahí no va. El hecho de estudiar más de siete horas al día no es impedimento para laborar, sino pregúntenles a los escolares de escasos recursos. Las excusas de llegar cansado por el ajetreo del tráfico y las profundas conversaciones con los catedráticos no me convencen. Esta labor, pues para mi escribir significó y espero que siga siéndolo, un trabajo que no me demandaba esfuerzo. Me humanizaba relatar y crear escenas dónde yo nunca estuve. Me alegraba también pensar en otros y hablar por ellos sin que me lo pidan. Una vez le dije a mi mejor amiga que escribir era como tener un hijo en Marte. Ella se rió al comienzo pero luego se torno seria cuando le hablé ingenuamente que era como aquí, cuando las madres conciben pero sin dolor. Pues amaba sentarme y teclear párrafos y alinearlos, transponer ideas y corregir lapsus gramaticales. Quizás ahora en frío puedo pensar que estuve enamorado. A ver, tomemos esto con pinzas. Cuando conoces a una chica muy linda por primera vez la piensas todo el día, la llamas, la invitas, y lo único que quieres es estar con ella porque no hay otra persona en el mundo como ella y no la quieres perder y bla bla bla. Este enamoramiento tiene fases: Primaria, que es el que acabo de describir; Secundaria, que es cuando ya la tienes bajo el seudónimo de enamorada, y Terciaria y final, el irremediable compromiso. La primera y la segunda parte implican enamoramiento de verdad, la del alma y no del razonamiento. Como dije anteriormente, no hay otra igual y ella es tu futura esposa, y le prometes tantos hijos como amor. No olvidar lo importantísimo que es la ceguera del enamoramiento, pues sin haber tenido contacto sexual ya uno piensa en hijos, y muchos. En cambio, la última fase, que pienso que es la fase a la cual llegué, tu conciencia despierta y te pone “peros” Que no me alcanza el tiempo, que ya no hay suficiente dinero, que es muy tarde para salir, etc., y Cupido muere flechado por la misma flecha que lanzo ¿curioso no? Lamentablemente he pasado por este proceso. Ha sido muy rápido e intenso. Amé demasiado rápido, me ilusioné, me creí el mejor escritor del mundo y quién sabe mi destino fue olvidarlo. Quiero pensar que este tiempo que he dejado de laborar haya sido como una pelea de pareja. Que el tiempo ha curado las heridas y todo está mejor. Fue un distanciamiento clásico de personas que se aman, en este caso, escritura y escritor. Por todo esto deseo no volver a tropezar enamorándome fugaz. En todo caso deseo amar hasta la eternidad, feneciendo bajo lo que más disfruto, escribir. Escribiendo y amando.