sábado, 14 de junio de 2014

La magia de Cerati


El 15 de mayo del 2010 Gustavo Adrián Cerati Clark bajaba del escenario en la Universidad Simón Bolívar en Caracas, Venezuela. Era un sábado, concluía su gira Fuerza Natural (su disco más onírico) y cerraba todo con respecto a su carrera solista hasta ese momento. Seguro tenía en mente, o ya escritas en borrador, tres, cuatro, o cincuenta canciones que revolucionarían el mundo pop que había creado. Quizás hasta ya tenía las pistas hechas y pensaba llegar a casa para seguir componiendo las letras. Le bastaba una Macbook, una Paul Reed Smith Custom Multifoil y una imaginación invalorable. Sin embargo, una descompensación lo haría imposible. De inmediato fue trasladado de urgencia al Centro Médico Docente La Trinidad. Los médicos lo internaron para examinarlo y a los dos días fue operado. Tuvieron que hacerle un agujero para drenar la presión intracraneal como consecuencia de una isquemia. Los doctores dijeron que permanecería 72 horas en terapia intensiva para ver su evolución. Lamentablemente no mostró respuesta alguna. Desde ese momento los médicos decidieron mantenerlo bajo un estado de coma inducido. Hasta el día de hoy se aferra a una vida inútil. Está postrado sin poder hablar y solo puede gesticular, y que al oír a su madre solo atina a parpadear. Crítico pero estable para los profesionales. Finalmente muchos de sus seguidores, fieles y detractores saben que “si algo está enfermo está con vida”. Cerati lo pensó, sus letras lo confirman.

Uno de los músicos más exitosos de Latinoamérica nació en Capital Federal, Argentina, el 11 de agosto de 1959. Aplicado a la guitarra desde pequeño participaba en los eventos que su colegio religioso organizaba. Pero su entrada de lleno a la música lo haría en la universidad donde conoció a Héctor “Zeta” Bosio (futuro bajista). A partir del año 1982 comienzan a proyectarse como una banda en la que tocarían temas propios, y con el universo a su favor, conocen a Charly Alberti (futuro baterista), formando así Soda Stereo. Se pasearon por toda Latinoamérica consolidándose como una banda de culto. Los cabellos revoloteados (estilo The cure) y las fachas “rockeras” los hacían más interesantes. La historia es más que conocida, los estadios en Argentina, Chile, Uruguay, México, etc, lloraban por un solo desgarrador de “Gus”.

En el año 1992 Gustavo, paralelamente a las actividades de la banda, graba un disco junto a Daniel Melero, amigo tecladista y productor musical. El disco es titulado Colores Santos. Lo curioso es que a mitad de este disco el padre de Cerati fallece y no solo le sirve de impulso para continuar, sino que le permite encontrar luz aferrándose más aún a la música, más personal, más de solista. Ciertamente un punto de quiebre en su vida.
“Colores santos es un disco que cuando lo saqué la gente decía: ¿qué es esto? ¡Colgate la guitarra pibe! Para mí no existe tal tensión con la electrónica, para mí era otro instrumento, nunca fui fundamentalista”  

Aquí seguramente Gustavo descubre un mundo que no puede pasar desapercibido. Él ha declarado siempre que le fascinaba la electrónica, incluso usaba mucho de ella en Soda Stereo. Cerati ha demostrado que la curiosidad no es maléfica, por el contrario, los fieles se apoderaron de esta nueva faceta haciéndola inmortal. Al menos en Argentina es uno de los primeros discos con temáticas conceptuales. Luego vendría Amor amarillo (1993). Primer trabajo oficial en solitario. La temática gira alrededor del nacimiento de su primer hijo. Creó imágenes en el proceso de embarazo, las transformó en palabras y las dibujó en frases que van más allá del romanticismo estereotipado. Si no es el disco más genial de su carrera solista puede que sea el segundo, pero no baja de allí. Gustavo cuenta que la situación de espera está en el disco como una ansiedad súper emocionante y hay una situación de amor muy fuerte además por todas las cosas que le pasaban, o sea el amor amarillo es como darle un color al amor que él sentía, pero también centrado con meterse adentro de un rayo de luz. Todo un incomprendido que aparentaba saber más a través de sus letras. Gustavo Cerati desarrolló más que un estilo de vida una concepción media distorsionada del mundo. No es que todo el tiempo esté pensando de esa manera, es músico y como tal, refleja una imagen parcial de él, pero hay algo más importante que sí fue real: su familia.

 En el videoclip de la canción “Te llevo para que me lleves” (una alegoría que plantea una cuestión de una pareja y la llegada de su hijo) aparece su primera novia Cecilia Amenábar, embarazada, cantando, bailando, riendo. Un video muy casual que demuestra su madurez como persona. La frescura con que fue realizado el video refleja su estado de vitalidad, su aprecio por la familia, por el amor y la música.

“Lisa tiene un amor de ultramar, brilla en la oscuridad, su sabor a la primera vez me hace volver aprender” (Lisa – Amor amarillo)

No hay regocijo mayor que avizorar y acertar, con suerte, la llegada de una hija, y que para ese entonces haya una canción escrita a su nombre por su propio padre. Es más que una coincidencia. Llamó a su segunda hija Lisa. Así pasó la etapa más “amariila” de su vida. Nada es casualidad.

Gustavo en sus entrevistas casi siempre hablaba de sus discos, o mejor dicho, las únicas veces que ofrecía entrevistas era para promocionar sus discos.  En todas se mostraba muy tranquilo y reflexionaba sobre sus canciones. Cada vez que ofrecía una entrevista parecía cambiar de discurso, pero creo que él no quería ir por esa senda, sino que más bien cada vez que se sentaba frente a un micrófono encontraba algo nuevo en sus canciones. Alguna vez dijo que la interpretación lo dejaba en las manos del público, que a ciencia cierta no hay una manera de describir sus letras.  Otras decía que esta canción significaba tal cosa. Era una caja china. Un misterio en sí mismo. Un hombre que no podía dejar de ser niño.  A final de cuentas esta ambigüedad le pasó factura pues más adelante se mostraría enemigo de la prensa, acusándolo de entrometida y manipuladora del público.

La transición se hace notoria en el disco Siempre es hoy (2002). En el proceso de este disco Gustavo Cerati se separó de Cecilia. Naturalmente influyó en la terminación del disco. “Han salido algunas notas que morbosa y amarillamente intentan reducir mi intención creativa a una mera descripción de relaciones que parecería que le interesan a la gente. Pese a que mi manera me esfuerzo en no pasarme de los límites porque no sabría cómo manejarlo, algunos parecen reducir la obra de uno a esas tremendas estupideces” 
Sin lugar a dudas es duro escucharlo criticar. Pues estaba harto de tanta prensa y de tanta fijación en su relación acabada de terminar, eso lo hacía vulnerable, lo hacía enojar mucho y empezar a ver el caos donde vivía, mirar a su alrededor y darse cuenta que ha estado viviendo mucho tiempo lejos de esta realidad.

“Vivo” es la canción más representativa de este disco. Habla de una manera de sobrevivir frente a la ruptura amorosa. Basta con escuchar las cuatro primeras frases para darse cuenta de que va. “El fin de amar es sentirse más vivo” Los acordes crean atmósferas que evocan nostalgias. Canción de domingo por la tarde, cielo nublado, café, cigarros. Una “corta venas” total. “Conocer la otra mitad es poco” Cecilia lo escuchaba y si lo encontraba le pegaba una cachetada. Sin embargo, el disco trae mucha carga espiritual. El título especialmente expresa como Gustavo se da cuenta que hay muchas cosas que le pasan y las siente más que nunca. Siempre es hoy, abre los ojos, algo así.

Habitualmente me pregunté si habría algún artista más soñador que Cerati en el ambiente musical. Alguien que pueda observar algo bueno dentro de toda la maleza. Vengo escuchándolo hace dos años, en realidad hace seis pues Soda Stereo fue un primer acercamiento. Luego me separé y retomé con fuerza su carrera solista. Acerté al leer muchas de sus entrevistas que no tenía filtros para componer. Las imágenes se le venían a la mente, mágicamente. Y cada imagen venía con un acorde. Cada acorde con un puente que cambiaba de ritmo a uno mejor. Soy partidario también de que hace falta sensibilidad para poder apreciarlo. Lo creería si me dijeran que es como el aspiracional de todo hombre. Algunos ceden, otros se mantienen en sus burbujas, es respetable cada decisión. Al final, aunque suene manoseado, la música habla por sí sola.

Aparecerá otro disco titulado “Ahí vamos” y luego una repetición con su banda Soda Stereo (Gira: Me verás volver) Llegará nuevamente a Perú en el 2007, última plaza de esta gira internacional.  Se le vio más dinámico, más explosivo musicalmente. De hecho generó buenas expectativas frente al disco Fuerza natural (y el último) que lanzaría en el 2009.
Un poeta que pretendió esconderse detrás de la música, o al revés. Gustavo Cerati cambió los paradigmas de este medio y transformó todo lo que tenía al alcance en pop. Nada comercial, nada personal. Hay que convencerse para atreverse a girar el manubrio de una movida poco impulsada en Argentina y en Sudamérica prácticamente. Para este último disco recibió mucha ayuda de su hijo Benito Cerati. Incluso fue él quien le entregó letras y composiciones. Él ya escribía y ya se perfilaba en ese entonces como su sucesor (en la actualidad es vocalista de una banda propia llamada “Zero Kill”) Es complicado para alguien que creció acompañado de música desligarse de toda fantasía y creer que Cerati ha tocado el cielo y que puede sentarse al lado derecho del Dios padre todopoderoso. Ridículamente me cuesta no aceptar esa fantasía. Sin embargo mientras pasa el tiempo y Cerati sigue postrado en una cama, uno crece, y ya no hay nada más que absorber. No hay retroalimentación. Las canciones más surrealistas se van olvidando y sobre todo olvidándonos de alguien que no tenía escrúpulos para desnudarse espiritualmente. Si algún día despierta estoy seguro de que nadie le pediría que cante o saque otro disco, ya hizo demasiado.