Esa extraña sensación que te recorre de pies a cabeza cuando
retomas algo que dejaste de hacer por mucho tiempo. Yo, Juan Pedro Alva Ferrer,
he decido volver a escribir. No recuerdo con nitidez porqué dejé de hacerlo. No
recuerdo porqué tuve que perder el hábito de lectura por las noches y esas
madrugadas donde, frente a mi computador, me la pasaba imaginando historias.
Creaba situaciones sin reparo de que estén mal redactadas. Tampoco importaba
quién las iba a leer o qué tema engancharía mejor con mi entorno. No entiendo porqué
tuve que dejar esta labor. Ya quisiera pensar que fue la universidad la culpable.
No es así, me lo he planteado muchas veces y creo que por ahí no va. El hecho
de estudiar más de siete horas al día no es impedimento para laborar, sino
pregúntenles a los escolares de escasos recursos. Las excusas de llegar cansado
por el ajetreo del tráfico y las profundas conversaciones con los catedráticos
no me convencen. Esta labor, pues para mi escribir significó y espero que siga
siéndolo, un trabajo que no me demandaba esfuerzo. Me humanizaba relatar y
crear escenas dónde yo nunca estuve. Me alegraba también pensar en otros y
hablar por ellos sin que me lo pidan. Una vez le dije a mi mejor amiga que
escribir era como tener un hijo en Marte. Ella se rió al comienzo pero luego se
torno seria cuando le hablé ingenuamente que era como aquí, cuando las madres
conciben pero sin dolor. Pues amaba sentarme y teclear párrafos y alinearlos,
transponer ideas y corregir lapsus gramaticales. Quizás ahora en frío puedo
pensar que estuve enamorado. A ver, tomemos esto con pinzas. Cuando conoces a
una chica muy linda por primera vez la piensas todo el día, la llamas, la
invitas, y lo único que quieres es estar con ella porque no hay otra persona en
el mundo como ella y no la quieres perder y bla bla bla. Este enamoramiento
tiene fases: Primaria, que es el que acabo de describir; Secundaria, que es
cuando ya la tienes bajo el seudónimo de enamorada, y Terciaria y final, el
irremediable compromiso. La primera y la segunda parte implican enamoramiento
de verdad, la del alma y no del razonamiento. Como dije anteriormente, no hay
otra igual y ella es tu futura esposa, y le prometes tantos hijos como amor. No
olvidar lo importantísimo que es la ceguera del enamoramiento, pues sin haber
tenido contacto sexual ya uno piensa en hijos, y muchos. En cambio, la última
fase, que pienso que es la fase a la cual llegué, tu conciencia despierta y te
pone “peros” Que no me alcanza el tiempo, que ya no hay suficiente dinero, que
es muy tarde para salir, etc., y Cupido muere flechado por la misma flecha que
lanzo ¿curioso no? Lamentablemente he pasado por este proceso. Ha sido muy
rápido e intenso. Amé demasiado rápido, me ilusioné, me creí el mejor escritor
del mundo y quién sabe mi destino fue olvidarlo. Quiero pensar que este tiempo
que he dejado de laborar haya sido como una pelea de pareja. Que el tiempo ha
curado las heridas y todo está mejor. Fue un distanciamiento clásico de
personas que se aman, en este caso, escritura y escritor. Por todo esto deseo
no volver a tropezar enamorándome fugaz. En todo caso deseo amar hasta la
eternidad, feneciendo bajo lo que más disfruto, escribir. Escribiendo y amando.
bienvenido de nuevo a las letras!!!
ResponderEliminarGracias!
EliminarAsi es como se siente, es una reconciliacion, que puede ser tanto duradera como efímera y uno entra y sale de la relación pero está entro de tu sangre y vuelves una y otra vez incapaz de cortar defintivamente porque sabes que en ello te va la vida....
ResponderEliminarPrecisa descripción la tuya Alicia. Gracias por tomarte el tiempo de leerlo, te invito a que lo hagas con mis demás publicaciones. Saludos.
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