Tenía clases muy temprano.
Siempre desarreglado tocaba la puerta con apremio para que el profesor creyera
que le interesaba estar adentro. Que lo único que quería en esta vida era
atender sus malditas clases de historia, escuchar como muchos héroes peruanos
fueron finalmente pura demagogia, reírse en silencio y acompañarlo hasta la
puerta del infierno para que se joda allí y deje de estar enamorando cuanta
chica ve. Con una sonrisa lo recibió el
señor Ruiz, luego, le reprochó su actitud frente a todos. Él, avergonzado,
pidió disculpas y tomó el asiento delantero para no pasar otra inquietud.
Atrás, Fernanda lo miraba sigilosamente, con cuidado, quería que esa piel sea
suya, quería tocarlo y sentir el cielo, estaba enamorada. El profesor Ruiz sacó
al frente a Fernanda y le dijo: jovenzuela, ¿quieres que te bote del salón?
¿Acaso crees que no te he visto con el celular? Ella no se movía, solo pensaba
en qué es lo que pensaría su galán. Salieron ambos de la clase, los muchachos
empezaron a chacotear. El profesor afuera le advirtió que si cometía otra falta
la expulsaría del curso, ella atónita le imploró que no la condicione; él,
asqueroso y desalmado le dio otra oportunidad. Se la llevó al baño y el cielo
que Fernanda deseaba hace un momento se hizo infierno. …
Tres semanas antes de que acabe la
universidad, Fernanda le declaró su amor. Le dijo que desde el primer ciclo le
gustaba, que coleccionaba todas las fotos de la revista de la universidad dónde
salía él, y que también remarcaba su rostro. No se avergonzaba de que la llamen
“la tocada”, que ya fue hace mucho y que el profesor está en la cárcel comiendo
mierda; “yo te amo, haría lo que fuera para que estés conmigo” Él, avergonzado,
huyó. Estuvo sentado frente a la pileta pensándolo, le pasaba mil veces la
imagen de ella arrodillada en la escalera llorándole sobre los pantalones.
Decididamente agarró un lapicero y comenzó a escribir a manera de diario lo que
sería su vida en esas tres últimas semanas. Formuló horarios, actividades que
harían juntos, a dónde irían y a qué hora. Un plan maniático sin lugar a dudas.
Resaltó horas complicadas para verse y por último anotó “los tiempos
violentos”. Este diario era su agenda,
un compromiso al que quiso someterse. Todo estaba bien estructurado, las reglas
no se romperían; él no le diría nada a ella, hasta que se harte de recibir
órdenes indudablemente. Fernanda aún se encontraba llorando sola en la escalera.
Él se acercó y la abrazó. La tomó de las manos y la besó en los labios…
Los días pasaban y todo
transcurría tal cual la agenda precisaba. A las doce ella tenía que llamarlo
obligatoriamente. Si no contestaba le dejaría un mensaje. A las cuatro de la
tarde él tenía clases de actuación, ella iría a verlo si tenía tiempo. Fernanda
cantaba en la banda de la universidad, él tenía la obligación de llevarle una
sorpresa todos los días al estudio de sonido. Sentados mirando el horizonte le
comentó que se le había ocurrido una idea loca, habló de los “tiempos violentos”.
Quiero hacerte el amor en el baño, sentenció mirándola a los ojos. Ella no
esperaba nada más que eso en la mísera vida que tuvo desde que fue abusada por
su profesor. Ser tocada por el galán de su vida. Sentirse parte de él era su
obsesión. Ambos acordaron mediante un beso profundo cumplirlo…
Sigilosamente se metió ella en el
baño de los hombres. Era un ambiente frío y hostil. Las paredes pintadas con
números de teléfono, apodos, insultos a profesores y rectores, entre otros.
Muchos papeles estaban fuera del tacho, era una verdadera pocilga. Fernanda se
metió a uno de los inodoros y se encerró a esperar. Miraba con atención el celular
pues tenía que decirle en cual baño de toda la universidad se encontraba.
Finalmente la llamada entró, el celular vibró y mediante un mensaje le indicó la
posición. Él, astuto, tenía puesto el preservativo. Entró ansioso al cuarto y
le apretó los leggins. Le besó desesperado el cuello, le mordió los senos,
la agenda se cumpliría. Inesperadamente soltó un grito que llamó la atención de
los señores de limpieza y alumnos que se encontraban por ahí. No fue un grito
de excitación sino de apresamiento. Recordó como fue violada por su profesor,
precisamente fue en ese baño, reconoció la figura de la puerta, recordó las
hinchadas manos sobre su cuerpo. ..
Ya nos hundimos; ¿por qué no me dijiste que no habías superado el maldito
trauma? ¡Ahora nos van a expulsar por tu culpa! No acabaremos nuestras
carreras, nuestros sueños acabaron. ¡Fernanda, entiende la magnitud del
problema!, ¡Me has escuchado! ¿Escuchas los pasos que se acercan?, estamos
fregados… Ella se arrodilló y sobre sus pantalones se puso a llorar
descontroladamente. Él, sacó la agenda de su mochila y comenzó
a borrar lo que tenía planeado para la última semana. Borró apresuradamente
toda la matriz que había fabricado con su retorcida mente. Escribió en letras mayúsculas: FIN DE LA
RELACIÓN.
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