lunes, 22 de julio de 2013

Mi último vaso con leche

Dos de la madrugada y no puedo dormir. Necesito un vaso con leche, frío, con miel. Necesito hacer otra cosa que no sea dormir. Bajar las escaleras no es nada fácil cuando piensas luego en la subida. No hay leche carajo, entonces no hay vida. Salir a estas horas es peligroso, algún vivo te puede esperar para hacerte daño. No importa si no me conocen, ni siquiera me verán. La calle se inclina mientras avanzo. Los perros ladran al compás de mis pisadas. Los gatos ya desaparecieron. No sé a dónde voy. A tres cuadras de mi casa hay una bodega 24 horas. Ya recordé; iba por leche. Es más fácil cuando hace frío, todos duermen profundamente, menos la bodeguera que me recibe espantada. Acabo de ver un fantasma, joven, me dice la señora de maltrecho cabello. A veces las gentes quieren que pensemos tan igual como ellos. No todos creemos en fantasmas, y no tiene ella por qué convencerme de que existen. Casi siempre que las personas quieren convencerme de algo les digo que sean más tolerantes pero lo único que ocasiono es antipatía. Siempre quieren tener la última palabra. La leche está fría como me gusta, pero más fría está la señora del susto. Regresar se hace pesado siempre. Es volver a realizar algo que pudiste evitar o no debiste hacer. No hay otra. La calle ha cambiado de color, de amarillo a celeste. Ya no hay ladridos, ¿Acaso recién se acuestan los perros?
Leche con miel helada como me gusta. Sé que si subo con el vaso luego me olvidaré de bajarlo y me joderá volver a subir para recogerlo y lavarlo. Mejor aquí. Sentado todo es más triste. Hay varios puntos fijos dónde mirar pero todos al final están vacíos. Recurrir a la filosofía no es la solución, menos a la psicología. ¿La ciencia es el camino? Ya casi me tomé todo. Parece un círculo vicioso dónde todos tenemos la razón y todos terminamos echándonos la culpa de haber fracasado. Está fría. Ahora todo vale y no sé qué vale para mí. Me preocupa no saber qué es cierto. Tomaré otro vaso, estoy insatisfecho, como ayer. Este vaso será la solución. La solución de no encontrar las soluciones. La más fácil dicen. Será mi último vaso de leche con miel, fría como me gusta, como siempre me gustó.

Antes saldré a despedirme de la bodeguera. Ha sido la mayor parte del tiempo buena conmigo. Recuerdo que cuando llegué de los Estados Unidos me acogió en su casa. No siento pena por mí sino por ella. Es raro; ella siempre está sentada detrás del mostrador. Más extraño aún es que haya dejado su tienda sola. Tocar con fuerza no será la solución. Silbar o gritar su nombre menos. Esperaré como he esperado muchas cosas en esta vida. Ahí sale vestida de negro y se pasa de frente. Creo que no se ha percatado de que estoy aquí parado esperando su abrazo afectivo de despedida. Ha sido en vano gritar su nombre, menos silbar, no me escucha. Ya sé lo que sucedió; estoy tan frío como mi leche con miel que tanto me gusta. Ya es tarde.

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