miércoles, 12 de junio de 2013

La última carta

Todo se ve brillante. El estadio está repleto y presenta un ambiente cálido. Me han dateado que afuera se han quedado más de cinco mil hinchas con la ilusión de ver a la selección jugar. Realmente me apena pero no puedo seguir así porque en un momento pisaré el césped. Jugaré el último partido de estas clasificatorias donde se decidirá si vamos al torneo más importante de fútbol. La responsabilidad cae sobre nosotros. Incluso me atrevo a decir que yo soy el que tiene que embocarla ya que he tenido una deuda muy grande con la afición a lo largo de esta etapa, la cual, a través de estas líneas, les prometo salir airoso y gritarles que estamos en el mundial. Ya sé que me han dicho que me dedique a jugar y que deje de escribir antes de los partidos; ha sido inevitable. Es una suerte de ansiedad y miedo a la vez la que tengo al llegar al camerino, por eso escribo y escribo hasta escuchar la orden del técnico, que a través del utilero, me hacen llegar. ¡Sal carajo que van a cantar el himno! me dice Pedrito enojado todas los partidos. Escribo a veces a conciencia de que puedo dejar la vida en la cancha, y no estoy siendo metafórico. Soy de los jugadores que van a los balones divididos con sangre fría y el corazón en la mano. Vivo al límite y estoy seguro de que mis compañeros también. Vivimos, morimos en la cancha y algunos resucitamos dependiendo el score. Por eso escribo. Tan solo para seguir viviendo. Ahora que ya sé que si ganamos no volveremos a jugar hasta el próximo año, o hasta dentro de cuatro años si perdemos, he querido poner toda la fuerza interior que tengo por desplegar ahora en un rato en la cancha. Quiero que alienten todos, que no se callen para nada. Quiero que hagan sentir la presión sobre el rival. Necesito que coreen mi nombre en cada jugada y que cuando la mande por encima del arco me aplaudan de pie por el intento. Necesito decirles también que mis compañeros se ponen nerviosos cuando alguien lanza un improperio contra un compatriota. Abrácense, quiéranse en las tribunas que en la cancha nos amamos. Juntos sin darnos cuenta ganaremos. En la cancha y en las tribunas somos un solo corazón. Tantos tropiezos nos han hecho recapacitar de lo lindo que es el fútbol, de que debemos entregarnos a este deporte por completo y dejarnos llevar por el amor a la camiseta. Siento que la ilusión se hará realidad y después de treinta y cinco años de no haber asistido a un mundial podremos finalmente disfrutar. Mi hijo, hoy por la mañana, me ha dicho que ponga todo de mí. Yo le he dicho que siempre hago eso, que siempre pienso en la victoria y lucho por eso, que él es mi guía, mi esperanza; que es ese último respiro que necesito para concentrarme y colocar la caprichosa en el ángulo. Que es la luz que ilumina el caminito cuando me encuentro entre tres fornidos rivales, que lo sueño jugando al futbol en un cercano futuro, llevando mi camiseta y recibiendo el cariño de la hinchada. Por tantas cosas que me pasan por la cabeza ahora mismo, por la película que he vivido en estos tres años, deseo que hagamos fuerza para salir victoriosos. Si muero en ella recuérdenme como el jugador que escribía para vivir. El que escribía para saciar su espíritu y para resucitar tras cada partido. Hoy ganamos amigos. Hoy ganan nuestros corazones.  

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