miércoles, 29 de mayo de 2013

La puta salvadora

Recuerdo que eran las once de la noche de un sábado cualquiera. Mis amigos se habían olvidado de mi existencia y ya andaban por otros lares, mientras yo, iba cruzando las grises calles de Lima con un saco negro y un cigarrillo en la mano, lamentándome de haber perdido a mamá y de no encontrar solución a mis problemas financieros.  A medio camino, en la zona más oscura de la avenida Arequipa, escuché: oye guapo, ¿no quieres cariño? Inmediatamente pensé: lo que necesito es dinero puta, así que no jodas. Felizmente no le respondí porque ella andaba medio ebria y la reacción había podido ser atroz y lamentable para ambos. No hice caso y continué con mi improvisado itinerario que terminaría fuera de mi casa, quizás más cerca donde estaba mamá. Nuevamente escuché que me decían eufóricas: Mira que estoy de buen humor; hoy te cobro la mitad si quieres; hoy hay oferta especial joven. Todas querían captar al más ingenuo, llevarlo a la cama y cobrar con satisfacción, pero lo que no sabían es que yo no tenía ni un mísero centavo en el bolsillo. Estaba arruinado. Mamá decía que las personas se cruzan por que el destino lo ha establecido. Esa noche, especialmente en esa caminata que hice por la Arequipa sin razón alguna, encontré una persona especial. Después de haber esquivado a unas quince putas más o menos, antes de voltear a la esquina, me tropecé con una chica en minifalda roja y tacones. ¡Fíjate por donde andas imbécil! me gritó. Al levantar la mirada y ver mi rostro, sus pupilas se dilataron (lo noté por la luz del poste) se sonrojó y me pidió disculpas. Yo atiné a decir: ¡no!, tienes razón, yo soy el distraído, lo que pasa es que tengo mil problemas y ando algo torpe, discúlpeme señorita. Ella arremetió y preguntó por mi nombre. Sus cabellos rubios y sus ojos verdes me traían esperanza que no sentía hace mucho. Me puso nervioso su presencia. Luego más calmada me pidió mi teléfono y mi dirección de correo. Se llamaba Roxana y era una puta muy hermosa. Me entregó una tarjetita y se despidió prometiéndome llamarme. Esa noche dormí en mi casa con la ilusión de volver a verla. Con la esperanza de ser rescatado del fango donde me ahogaba lentamente. Así pues solamente pasó un día para que me llamara. Hola Juan, ¿Te acuerdas de mí? me preguntó tímidamente como si estuviera escondida. Por mi parte estaba segurísimo de quién era. Estuve esperando toda la madrugada por ella y ahora que la tenía al teléfono estaba más emocionado. Era una puta muy bonita. Si Roxana, claro que sí, confirmé. Crees que puedas darme un alcance al parque Kennedy, arremetió educadamente. Tengo que entregar un documento por ahí y después podemos tomar café y conversar en privado. Ciertamente fue ahí cuando me puse nervioso y se me resbaló el auricular. No hay problema Roxana, te llamo cuando esté cerca, le dije mientras colocaba este al oído. Agarré el último whisky de mi viejo y entre copa y copa retomé en mi mente la conversación. Antes de salir a darme el encuentro estuve pensando en su profesión, en quién es y en porqué se ha interesado en mí.  Le imploré a mi madre en el cielo que me bendiga para que me vaya bien. Finalmente salir con una puta no es saludable. Apenas llegué a Miraflores le timbré al celular. Me contestó apurada y me dijo que la cita se cancelaría, que quería verme en la noche en su recepción. Al escuchar recepción le pregunté ingenuamente: ¿en tu casa?, ella me respondió: en la Arequipa torpe, y se río tímidamente. Sonaba feliz y eso me ponía tranquilo. Sentía que ambos queríamos vernos. Apenas llegué a la Arequipa ella me mandó un silbido y la reconocí por sus rubios. Me hizo entrar hasta su cuarto, o mejor dicho, hacia una suerte de prisión donde lo más rescatable era un cuadro falso de Piet Mondrian, al lado de los calendarios de automotrices y algunas chicas semi-desnudas. Hablamos casi toda la noche. Yo estaba sentado en una silla vieja de madera y ella echada en la cama de catre, tan cansada como si hubiera trabajado toda la mañana. Al llegar la madrugada cambiamos de posiciones. Ahora yo estaba echado con el brazo apoyado a la quijada mirándola detenidamente como hablaba y ella en la silla con un cigarro. Recuerdo que le conté sobre mi mamá; asimismo le dije entrelineas que necesitaba dinero y por ultimo le pedí por favor que me confiese que es lo que vio en un chico por el que nadie daba un centavo, que incluso pensaba en el suicidio.  Ella me dijo que le recordaba a su ex marido. A parte del físico, cuando me dijiste que andabas distraído y me miraste con tus entumecidos ojos, recordé inmediatamente al padre de mis hijos. Aprendí mucho en una noche con una puta. Yo ingenuo creía que sólo sabía de sexo pero no, quizás ha vivido más que muchas personas que tienen un trabajo “más honrado”. La vida no siempre va a darte los gustos o placeres que otros tienen, tienes que aprender a sobre llevarte solo, planteó. Este trabajo de puta lo hago por mis hijos. Cada vez que viene un hombre por sexo rezo antes para no contagiarme de alguna enfermedad, porque mi mayor deseo en esta vida es ver crecer a mis hijos. La voluntad se genera por algo o alguien. Tienes que buscar un motivo que te haga vivir. Si te cuesta déjalo pasar y veras que todo saldrá bien. Nada es eterno, ni siquiera el dolor.

Me despedí de ella medio sonámbulo porque tenía mucho sueño y ella, intacta. Escuché que se reía de mí por mi estado de cansancio. Le dije que gracias por todo y que dios la bendiga por ayudarme con sus palabras. Llegué a mi casa a las seis de la mañana con el pan en la mano. Tenía quinientos soles y un rosario con la virgen maría en el bolsillo. La vida había empezado de nuevo.

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