sábado, 30 de marzo de 2013

Capitulo 3: Consecuencia inesperada



Eran las diez de la mañana cuando me encontré desnudo sobre mi cama. No pude recordar con exactitud qué pasó con Natalia después de amarnos. No había nadie en casa porque llamé a mama y no contestó. Inmediatamente me acordé de que era domingo y ella salía a visitar a los abuelos. Decidí bañarme para quitarme el sudor de Natalia impregnado sobre mi piel, y especialmente, lavarme los oídos para que de alguna forma sus gemidos los pueda olvidar (ingenuo). Me moría de ganas de llamarla y preguntarle que paso después y cómo llegue a mi cama. Hice el esfuerzo de recordar nuevamente pero solo me traía jaqueca; así que me llené de valor para llamarla. Timbraba muchas veces pero no respondía. ¿Acaso Roberto le ha prohibido hablarme? ¿Acaso no fui lo suficiente varón sobre la cama? Rápidamente busque entre los cajones el número de su celular antiguo. Hola ¿quién habla?, ella preguntó calmada. Intente articular la respuesta pero me era imposible. Mi mente se blanqueó por completo y solo reaccioné a colgar. Finalmente el que tenía vergüenza era yo. Me pasé toda la tarde pensando en si estaría pensando en mí, en cómo habría terminado esa noche, en cuanto habría disfrutado. No podía quedarme tranquilo dejando que dios me revele mediante un mensaje las respuestas, así que fui a su casa. Dos cuadras a pie me bastaron para llegar a su morada. Toque la puerta con ahínco y salió su mamá, “la curandera”. Hola hijo ¿en qué te puedo servir?, me recibió amablemente y también muy sexy ya que llevaba una falda apretada, tacones y un escote pronunciado. Señora ¿se encontrará Natalia?, pregunté tímidamente. Me miró fijo y disparó: ¡Ah! seguro tu eres el nuevo noviecito que tiene ¡Ay por dios! ¡Pero si eres todo un galán!, y eso que a mi hija no le gustan los bajitos, pero como dice la gente, en frasco pequeño esta la buena esencia, ahora la llamo, pasa y siéntate cómodo amor. Ni siquiera me dio tiempo de interrumpir. Tenía una la lengua muy suelta y melosa; realmente empecé a creer el porqué de su apodo.  Sentado en el sofá y preparado para lo que se venga, recordé a Natalia curando mis heridas. La dedicación y esmero que ella tuvo para conmigo ese día me reconfortaba para darle esta vez una última oportunidad. En efecto, si ella tuvo sexo conmigo significa que no quiere a Roberto, por ende lo dejaría, y estando sola yo daría el primer paso para ser enamorados. Según yo todo iría bien. No era lo más pendejo que había pensado pero los hechos me demostraban y confirmaban que ella sentía algo por mí, y yo, poco a poco me iba enamorando de ella. En eso baja Natalia con un vestido celeste lleno de florecitas que la hacía más atractiva que nunca, y atrás, su madre, que por cierto tenía un semblante muy diferente al que tenía antes de recibirme en la puerta. ¿Qué quieres ahora?, preguntó firmemente ella. Pensé que quería hacerse la valiente frente a su mama pero estaba en el camino incorrecto. De repente la señora vino hacia mí bruscamente y me lanzó una cachetada, luego disparó: Así que quieres aprovecharte de mi hija ¿no?, ¡Vulgar! sentenció. Prosiguió con la agresión: Con tu cara de inocentón a mi no me vas a engañar, Natalia es muy decente y yo sé cómo se comporta. ¡Si te la vas a andar de gilerito, anda búscate una puta, pero con mi hija no te metas!  ¿Qué pasa?..... ¿Qué mierda pasa? , me preguntaba constantemente y como un soldadito soportaba el denigro. Mientras me desvalijaban el orgullo de hombre y me mataban la poca autoestima que tenia, sin saber el porqué, pensaba en lo que había dicho la vieja gritona (que ya no era sexy) al comienzo del bombardeo. Punto uno; si quería una puta, la correcta podía ser ella, “la curandera”, alguien que por supuesto podía satisfacerme en cualquier momento, además, vivía cerca a mi casa y no había problema en trasladarme hacia ella para prestar sus servicios (ironía). Punto dos; si su hija, o sea Natalia,  es decente y de hogar... ¿Por qué mierda me llevo a rastras ayer por la noche a tener sexo? ¿Acaso usted le inculca eso? ¿Acaso usted le enseña a tener sexo estando comprometida? Quería decir todo lo que pensaba, quería defenderme a toda costa pero una barrera me hacía imposible, no estaba preparado para esto o quizás, no había nacido para esto. Timidez o problema psicopatológico estaban ahí presente. Seguían los insultos a viva voz y yo estaba rojísimo al borde de orinarme. No sé que tenía en la cabeza esa señora y tampoco podía comprender porque Natalia al fondo se reía de mi desgracia. Todo era borroso y no sabía que responder. Le di la espalda y emprendí hacia mi casa. Quería dormir. Quería agarrar mi almohada más fresca y acurrucarme con mis sabanas de seda. Quería soñar con Scarlett Johansson y hablar de la vida. Quería llorar sin que me hagan daño y reír sin que me cuenten un chiste. Todo había sucedido sin ser planeado. Llegué a casa y todavía no llegaba mamá. Encendí el televisor, me lavé el rostro y luego lo apagué. Tropecé con dos escalones y cuando abrí la puerta de mi cuarto me pegué en la frente. Agarré “tus zonas erróneas” del dr. Wayne Dyer y me puse a leer. Completé el tercer capítulo.  Ahí me quedé dormido.

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