Julian y Lourdes son la pareja
más feliz del mundo. Hace dos años se conocieron y hace uno se casaron. Son radiantes,
se aman, se besan y tienen sexo todos los fines de semana. A pesar de sus
cualidades físicas, pues, Julian lleva el cabello rojizo y usa fachas de loco (pantalones
rasgados y chompas con mangas rotas) y Lourdes, cabello engominado casi blanco,
labial extremadamente rojo y ropas extravagantes, han aprendido a convivir en
sociedad. Ayer ha sido el cumpleaños de uno de sus vecinos. El señor Gutiérrez,
o más conocido como el usurero, los ha invitado a una comida especial por la
noche precisamente por su cumpleaños. Solo les ha servido una alita de pollo y
un vaso con agua. Nada le quitara lo tacaño. Sin embargo, ha sido muy divertida
ya que algo que ama el usurero es el trago, y de eso sobró en la fiesta, y con
trago todo es más divertido dice siempre. Resulta que Julian se emborrachó tanto que la modosidad, caballerosidad y el respeto que había mostrado antes de
entrar por esa puerta, se esfumó. Entre copa y copa perdió la cabeza y empezaron
a salir los peores demonios, o más bien, su verdadero yo. Les bailo a todas las
invitadas. Se paró sobre la mesa y empezó a hacer un striptease que abochornó a
las mujeres, pero no a su esposa que lo miraba con recelo. Lourdes no pudo
contener la ira que tenia. Se dirigió a la cocina mientras el cochino de su
marido empezaba a acariciar a la esposa del usurero, y se tomó una copa de
whisky que encontró en la refrigeradora. Luego otra, al fin y al cabo, acabó con la botella ella sola en menos de lo que esperaba. Salió rápidamente a la
escena y dijo en voz alta, con síntomas de ebriedad: amor, ven conmigo que
quiero bailarte. Julian se alejo de las chicas y dejo el vaso de cerveza que tenía
en la mano. Luego se acerco con piernas temblorosas y a punto de caer hacia Lourdes,
la cual la recibió con un beso en la boca oliendo a whisky, el de los más
caros. Bailaron pegaditos toda la noche. Y lo que empezaba a hacer un ridículo show
se terminó convirtiendo en una escena fiel de amor. Los dos se decían a viva
voz que se amaban. Repetían una y mil veces los poemas de Neruda que tanto les
gustaban. Se olvidaron de los demás y se besaron apasionadamente como si fuera
la despedida, como si fuera el final. Al día siguiente los dos se levantaron tardísimo
y decidieron faltar a sus respectivos trabajos. Estaban con la misma ropa de la
noche anterior y aun conservaban el fétido olor a trago. Se bañaron juntos, cocinaron
juntos y salieron a caminar juntos. En la relajante caminata que hacían se
encontraron con cada uno de los invitados de la fiesta de anoche. A todos,
ambos, saludaron cordialmente con la moderación que creían que tenían, hasta
que probaron alcohol. Ellos sabían que no eran conservadores. Ellos eran
fiesteros, alocados, extremos e incluso arrebatados sin escrúpulos, pero la
sociedad demandaba su tranquilidad, o sino, como le advirtieron una vez, serian expulsados de la vecindad. Finalmente
ambos se aman, sea como sea ambos se completan. Ahora que ya paso el fatigante
momento se pierden en un apasionado encuentro a la luz del sunset. Las carnes se juntan. Se vuelven caníbales. Julián
dice: come de mi carne, Lourdes responde: te voy a desmenuzar poco a poco. Te
amo.

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