martes, 4 de diciembre de 2012

Los sueños de un incauto

Hola, es gratificante empezar este blog con un cuento muy especial. Este fue ganador de una mención honrosa especial en el concurso de narrativa de la universidad de lima de este año. Todo un honor ser calificado por tu profe. de literatura, quizás uno de los incentivadores indirectos de esta pasión. Disfruten y escupan con el alma.

..........

Hoy se decide quién será el ganador del  concurso nacional de narrativa.  Los resultados se expondrán a golpe de seis de la tarde en el Centro de Convenciones María Angola, en Miraflores. Todos los concursantes deberán asistir con traje de gala y a la hora exacta, nada de hora peruana. Jaime está muy nervioso. No ha tomado desayuno ni ha realizado su rutina de ejercicios. Por su parte,  Mario está muy tranquilo,  incluso se ha puesto a redactar más cuentos para distraerse de las tensiones. Nada lo detiene y escribe abstraído y concentrado como siempre lo hace. Jaime no ha podido conciliar el sueño, así que tiene los ojos sumamente rojizos. La raya que caracteriza su cabello se ha deformado y las uñas de sus manos están desfiguradas pues se ha pasado toda la noche comiéndoselas. A pesar de haber tomado más de cinco tazas de manzanilla y hierbabuena, no se ha podido calmar. La angustia lo asesina. Ha salido muy temprano de casa para comprar relajantes en la farmacia de la esquina. No le quisieron vender, ni siquiera atender,  por ser un incivilizado, por ser un menor de edad. Sin embargo, siempre hay una luz en medio de la angustiosa oscuridad. Su madre ha hecho de superheroína y ha podido sosegar la inestabilidad emocional por la cual pasaba Jaime. Muy moderna, le ha dicho que lo acompañe a sus clases de yoga.  Él ha respondido prevaleciendo su pre- adolescencia: ¡no!, ahí solo van las mujeres.  Pero como siempre, mamá se las sabe todas,  y ha replicado: Jaimito es por tu bien; prometo que esto calmara tu angustia y purificara tu mente. Jaime no tenía nada que perder, pues accedió después de caprichitos de un hijito de mami.
Estando en la sala de yoga, Jaime observa como las señoras regordetas, y otras paliduchas, se empiezan a contornear haciendo figuras seductoras con sus extremidades. Todas están en licras. Jaime se ruboriza. Jaime se quiere quedar. La instructora lo coge de los hombros y le dice: que haces mirando ahí parado, ¡vamos!, ponte en la fila. Jaime sigue al pie de la letra lo que ella dicta en cada sesión; postura de la tabla, luego postura de la silla, de ahí se arrodilla con los pies juntos, los empeines tocando el suelo y los brazos estirados para dejarse llevar por este ambiente mágico que solo transmite paz. Como siempre, mamá ha logrado su cometido.
 Ni siquiera llega el mediodía y Mario ya acabó con cinco cuentos.  Todos parecen excelentes ya que está sonriendo. Pocas veces  sonríe,  pero hoy con mucho orgullo lo hace,  hay un presentimiento. Alcanzar algo que siempre anheló con lo más recóndito del alma sería más que satisfactorio.  Su talento innato para escribir no ha sido reconocido.  La informalidad de los concursos ha hecho que su condición económica pese más sobre su capacidad. Casi más de quince concursos en los que participó  y ninguno ganó. Siempre quedó en segundo puesto. Sumamente extraño, pero Mario lo toma con mucha frialdad y le sirve de autoayuda para esforzarse para el siguiente y así consecutivamente.
Esta vez será diferente, hoy se ha levantado más optimista que nunca, presiente que ganará, inclusive ha salido a caminar un poco por las calles de Lince y ha sido muy cordial con sus vecinos. Está muy feliz. Ahora silba. Ya no es el mismo Mario. Ese que no salía de casa ni por una calamidad natural. Ya no es ese que odiaba las chácharas infinitas de sus vecinos, o ese que aborrecía su ciudad por ser muy desordenada. Después de escribir y  caminar un poco, se ha sentado bajo un gran árbol, ha sacado un cigarrillo y se ha puesto a fumar.  Este árbol lo engríe como madre. La sombra que proyecta el árbol hace parecer que tuviera brazos finísimos. Lo abraza. Se siente niño, se encariña y la piel se le crispa. El clima es apropiado.  Se acurruca en el pasto y aspira dos bocanadas antes de quedarse dormido y soñar nuevamente con la madre que nunca conoció, soñar con que algún día la pueda ver.
La espera se hace impaciente. Faltan no menos de tres horas para que empiece la ceremonia en Miraflores y Jaime ya está listo. Tiene puesto un traje negro combinado con un chaleco a rayas en tono carbón, zapatos de charol excesivamente brillantes, reloj suizo en la muñeca izquierda, pañoleta de seda en el bolsillo y peinado lamida de vaca con suficiente gel de aloe vera. No obstante Mario se acaba de levantar de la siestecita. Esta hecho un desastre. Dormir con un cigarrillo prendido le ha dejado una mancha negra en la mano. No es imposible quedarse dormido con un cigarrillo, porque cuando Mario quiere soñar con su madre, lo que pasa antes de cerrar sus ojos, es lo que menos le interesa, es todo un ritual.  A fin de cuentas se ha apresurado porque se ha dado cuenta de que sólo faltan dos horas y algo más, y como en todos los concursos, se ha ido a alquilar su terno a la sastrería de don Miguel. Mario llega y grita apresuradamente: señor Miguel, por favor, el de siempre. Inmediatamente el señor Miguel corre al almacén. Lo conoce hace mucho y sabe cuando Mario está con prisa y cuando no. Así que busca con mucha concentración hasta que lo encuentra. Finalmente le entrega su terno y Mario agradece: gracias don Miguel, nos arreglamos la cuentita más tarde. Él responde con acento norteño: bueno muchacho, no hay problema, mucha suerte en esta noche y que la cruz de Motupe te conceda tu deseo. Mario sonríe y sale aceleradamente. Trata de dar pasos más largos para llegar a casa lo más pronto posible y acicalarse para recibir el premio que tanto anhela, el premio que siempre mereció y que nunca se lo concedieron. Casi son las seis de la tarde y ya el centro de convenciones está repleto de gente. Hay más de tres mil muchachos entre trece y dieciocho años, hombres y mujeres de distintas partes del Perú. Algunos conversan, otros pican bocaditos de la mesa y otros fuman en las afueras. Jaime ha llegado con mamá. La angustia y el nerviosismo se han apoderado de él desde que ha bajado del taxi, por eso ha pedido ir al baño lo más pronto posible. Resulta  que no es el único nervioso, pues hay una tremenda fila en el baño de hombres, lo cual es insólito. Jaime espera pacientemente en la fila mientras trata de entablar una amistad con un muchacho de al lado que se presenta espontáneo…Mi nombre es Mario hurtado, soy de Chiclayo  y tengo diecisiete años. Hace mucho que participo en concursos de narrativa, pero nunca he ganado alguno. Supe que este evento era importante ya que se presenta todo el Perú, cosa que me fascina, pues más alta sea la valla, me esforzare más y más. Me encanta personajes como Flaubert, Maupasssant y Bryce, sus poderes creativos son simplemente únicos y maravillosos. Asimismo odio a Baily, no sé cómo han podido endiosarlo. No se merece el reconocimiento de un verdadero escritor peruano. Creo que Vargas llosa estaría contento si se enfermara de sida muy pronto, por el bien de la literatura digo….El rostro de Jaime es de excitación. Se ha quedado pasmado de tantos parecidos. No se ha callado y ha respondido con ímpetu: tenemos tantos parecidos en común, a mí también me encanta Bryce, ah, lo olvidaba, mi nombre es Jaime, si, así como el escritor de pacotilla, no es que odie a mi mamá, pero a veces se lo saco en cara y así me salgo con la mía. Desde los doce años escribo y hace un año participo en concursos. La conversación fue tan profunda que las ganas de expulsar orina por sus uretras se esfumó, y lo único que hizo que terminaran de charlar fue el llamado del maestro de ceremonia. Jaime había encontrado un buen amigo, Mario había hecho un buen amigo. En el salón central Mario y Jaime se sientan juntos. Empiezan a hablar en voz baja  de juegos, comidas, poesía, sueños, chicas y sexo. Mientras el presentador inicia el empalagoso sermón, Jaime pregunta: ¿con quién has venido? Mario con dificultad y mucha molestia responde: vine solo porque mamá está trabajando y papá se encuentra de viaje, ¿y tú? Jaime responde: yo vine con mamá y esta allá atrás, ¡mira, esta alzando la mano!. El presentador sigue parloteando sin control y el ambiente sigue igual de frio. Mario se estremece. Su corazón ha empezado a acelerarse a más de mil por hora y la garganta se le ha estrechado. Acaba de sentir una vibración por todo su cuerpo al ver a la mamá de Jaime alzando la mano. Los recuerdos atraviesan su mente, el pasado vuelve a florecer y a renacer y por fin puede ver el rostro de su madre. Indudablemente es ella, sí, es más que seguro. Su mente ha recordado todo. La jubilosa infancia y luego el abandono y el dolor, sus abrazos, su respiración. Esta dispuesto a hacer lo que sea por tenerla. Se levanta e inmediatamente sale en medio de un mar de miradas, especialmente la de Jaime que ahora lo mira con asombro. Corre sin oír, ya que el presentador esta gritando a través del altoparlante y él no hace caso; y seguro que no hará caso hasta lograr tener a su madre nuevamente entre sus brazos. Ahora están cara a cara. La mira profundamente, la examina de pies a cabeza, y con un gran salto Mario se lanza sobre ella. La abraza y le dice entre sollozos de un niño: ¿dónde estabas?, ¿Porqué te fuiste? ¿Sabes? Me haces mucha falta, no te vayas nunca más.
Es una típica escena de película. Es más, empiezan a escucharse lloriqueos en medio del público. Sin embargo, con esa pureza y candidez que solo tienen las madres, ella responde: me encantaría ser tu madre, pero lamento decirte que te has equivocado jovencito. Lo siento mucho.  Inmediatamente el hechizo por el cual estaba embrujado Mario, se ha deshecho. Ahora sí que la observa fijamente y se da cuenta de su error. Mirando al suelo lleno de vergüenza sale del salón, para irse quién sabe a dónde.
 A menudo Mario realiza estas bochornosas escenas creyendo que por fin ha encontrado a su madre. Pero, lo único que encuentra son problemas y aprietos con su entorno. Son los sueños que lo incentivan a desenvolverse de esta manera. Siempre sueña con una diferente. Una rubia, luego china y otra morena. Vive encerrado en este mundo tan iluso e inocente que a pesar de que le sirve de fuente de inspiración para escribir, no lo deja vivir, y lo tiene aprisionado.
Finalmente el ganador del concurso ha sido Jaime, con el cuento “Vivirás Mañana”. Se le ha acreditado medio millón de soles y una mediana biblioteca con libros de las mejores editoriales. Sin embargo, el premio parece no importarle, porque se ha puesto a trabajar en su próximo cuento que será publicado en un diario muy comercial de Lima. Está muy enfocado así que no sale de casa hace dos semanas. Mientras escribe piensa en Mario, piensa en que ahora está viajando por las rutas escabrosas del Perú. Piensa en que acaba de llegar al terrapuerto de Chiclayo y baja contento del bus porque hay alguien que lo espera. Piensa en que es su madre. Piensa en que ahora la mira profundamente, la examina de pies a cabeza y con un gran salto se lanza sobre ella, la abraza y le dice entre sollozos de un niño: ¿dónde estabas? ¿Por qué te fuiste? Me haces mucha falta, no te vayas nunca más. A lo que ella le responde: nunca me iré mi hijo. Lo prometo. Nunca me iré.


No hay comentarios:

Publicar un comentario