Difícilmente olvidaré las
sensaciones, que ayer por mi cumpleaños, me produjeron mis amigos. Bailé, reí, hablé de más, bebí de más y gasté
mucho por supuesto, pero eso no es mi problema, sino más bien de mis padres.
Duro más o menos hasta las tres de la madrugada cuando uno de mis amigos
comenzó a vomitar en medio de la pista de baile y decidimos acabar por dos
razones: la salud de mi amigo y el asqueroso suelo. La mayoría al presenciar
esta bochornosa escena tomo conciencia y todo se torno seriedad. El pobre
muchacho estaba intoxicado de alcohol. Me dijeron que su rostro cambio de color
(yo creía que solo se veía en las películas) y se retorcía de dolor cada vez
que le daban ahorcadas. Finalmente se lo llevaron a casa y su padre confirmo
con una llamada que ya se encontraba mejor. Antes de este incidente, el amigo
vomito, guiado por el alcohol, se había parado sobre las mesas y al ritmo de la
música se desnudaba. Las chicas gritaban, no sé si de excitación o llevadas por
el alcohol, pero al fin y al cabo el se las creía a todas. Era un sex symbol,
allí sobre el mantel, al costado del ron, las latas y el whisky. Se bajo la
bragueta y comenzó a masturbarse en frente de todas. Yo, y la seriedad que me
caracteriza, me condujo a bajarlo a golpes. Lo lleve al baño y lo obligué a
tranquilizarse y a mojarse, el rostro. Todo era una locura, así me di cuenta
que nadie se percato que el muchachito de la bragueta era ese, mi amigo. Las
luces, el humo del cigarrillo y el ruido opacaron esta escena que realmente hubiera
en un estado consciente, causado trauma eterno a todas las chicas. Recuerdo
también que más o menos a la medianoche me entro como un soplido, las ganas de
hablarle a la chica que amo en secreto. Estaba sentada fumando un cigarrillo y
bebía a ratos un vaso de whisky. Luego de invitarle un bocadillo que había
preparado mi mama que me mima, me senté a su costado y le dije si quería
bailar, o sea, conmigo, el cumpleañero, se supone que el alma omnipotente de la
fiesta. Ella con un tono firme me dijo que me fuera al demonio. Insistí unas
cuatro veces hasta que por fin accedió. Bailamos salsa, blues y rock. Nada más
que un platillo de mango con arroz. Recuerdo claramente que se me derramo un
poco de cerveza (porque yo no tomo whisky) en su ajustado jean. Le dije que lo
sentía mucho y mi primer impulso me dijo que la llevara al cuarto del segundo
piso para secarla. Me pidió que le prestara un pantalón para continuar la
juerga. Fui rápidamente al cuarto de mi hermana y por suerte, encontré un
pantalón de su talla. Al regreso, con pantalón en mano, la encontré echada en
la cama, en brazzier y calzón rojo, con una colilla de cigarrillo en mano. Me dijo textualmente, mientras terminaba sus
últimas bocanadas, que me tenía ganas hace tiempo y que me iba a dar un grandioso
regalo. Yo me deje llevar inocentemente
y tuvimos sexo casi toda la fiesta. Llegando al clímax, mi amigo realizo su
vomitiva escena y por parte de mi primo que fue a avisarme al cuarto, paramos
el sudoroso acto. Fue maravilloso
mientras duro. Trate de hablarle hoy, pero como siempre, me mando al carajo.
Finalmente algunos amigos se quedaron a conversar tratando de hacer planes a
corto plazo. Prometimos ir todos a la playa, al cine, etc. Ya para eso, mi
compañera sexual, se había retirado. Nos tomamos muchas fotos a la par que
íbamos secando hasta las gotas de las botellas. Algunos se quedaron a dormir
sobre el sofá y otros esperaron hasta las cinco para tomar el bus en grupo. Por
mi parte, mientras ellos hablaban, pensaba en ella. Me pregunte muchas veces si
alcohol tuvo que ver en esto así como también abrí la posibilidad de que todo
fuera de corazón. Por supuesto para mis todas sus caricias y besos fueron reales, revelados desde el más
recóndito lugar del alma. Por último, si ya no me quiere hablar ni siquiera
verme, la invitare a otra fiesta, derramare trago sobre ella, y luego la tendré sobre mis piernas, amándonos
apasionadamente, así el bendito alcohol este como intermediario.
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