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Miércoles 19 de diciembre,
9:21 am
Me siento pésimo. Ayer
deseaba el fin, hoy solo quiero volver al pasado cuando todo andaba bien. Se
acaba de confirmar un maremoto con olas de hasta 8 metros en Japón. Las
imágenes en la televisión son terribles. Todo Tokio está inundado. No hay
manera de salvarse. Es como si la ira de los dioses hubiera caído contra los
orientales. Ya todo acabo para ellos, y para los que residían allí. Hoy puedo
afirmar que Japón dejo de existir. La ONU se ha hecho presente enviando
refuerzos pero ha sido inútil. Ahora que ha pasado la calamidad, los agentes
internacionales han enviado equipos de rescate para reestructurar la zona. Los
cuerpos de más de 128 millones de habitantes han sido lanzados a los mares como
cenizas. Los hogares que quedaban a medio construir han sido demolidos al igual
que las zonas turísticas. Existe un rumor que se difunde por la web. Es acerca
de una marca que ha aparecido en el epicentro del terremoto, luego del
maremoto. Se trata de una cruz blanca de mediano tamaño que lleva una
inscripción que traducida al español quiere decir “Despertar”. No hay imágenes,
no hay videos, incluso los mismos equipos de rescate han negado su existencia.
Pero la información se encuentra en google y en otros buscadores y supongo que
tendrá algo de cierto con lo escéptico que soy, porque ser escéptico no
significa desconfiar de algo solamente, sino también creer en algo y posteriormente
añadirle la duda. Lo cierto es que no es más importante que la desaparición de
uno de los países potencia en el mundo actual, un país con el mayor avance tecnológico
a nivel mundial. Se confirma que se perdió toda la tecnología que hasta el
momento había producido. Odiosamente lamentable. En pocas palabras, Japón es un
desierto sin vida. Un limbo sin luz, ni oscuridad, donde no se puede ver con
los ojos ni con el alma, sino con el corazón, y ese corazón es el que nos hace
sufrir y pedir a gritos que el fin de los tiempos se detenga y que no llegue ni
toque a los que todavía viven sufriendo. Hasta mañana.
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